La nueva masacre cometida por la pandilla haitiana «Gran Grif» hace unos días, en el departamento de Artibonito, cerca de la frontera dominicana, con un balance de 70 personas asesinadas por los bandoleros que encabeza Lukson Elan y la declaratoria de la «condición D» o de «máxima alerta» por las quiméricas Fuerzas Armadas Haitianas, anunciando «operaciones» en esa área, crean riesgos de violencia fronteriza.
Ante el agravamiento de la inestabilidad haitiana, el gobierno dominicano anuncio que incrementará de nuevo las medidas de seguridad en la línea limítrofe, con la instalación de identificación biométricas que en un plazo de 60 a 90 días solo permitirá el acceso a este lado de personas que estén debidamente registrada en la base de datos de la Dirección General de Migración (DGM).
Utilizar tecnología avanzada antes de que la nueva Fuerza de Represión de Pandillas (FRP), propuesta por Estados Unidos, para sustituir a la fracasada Misión Multinacional de Apoyo a la Seguridad (MMAS), comience a operar en Haití, permite al gobierno dominicano tener mayor control en la frontera, lo mismo que la determinación de restringir la entrada de menores de edad haitianos, a los mercados binacionales.
Aunque en la actualidad apenas unos 400 soldados provenientes de Chad ya están en Haití, en teoría, la FRP totalizará 5,500 soldados de diversos países, que si en esta ocasión, reciben el entrenamiento y el apoyo logístico necesario puede convertirse en una entidad con el impulso y la capacidad para enfrentar con eficacia a los grupos delincuenciales haitianos.
Por tanto, la implementación de protocolos biométricos fronterizos ahora es un valioso aporte tecnológico que adicionado a la verja perimetral y a la presencia de las fuerzas de tareas mixtas en la frontera podrá identificar y detener con mayor eficacia a los forajidos haitianos que pretendan escabullirse hacia territorio dominicano cuando la Fuerza de Represión de Pandillas inicie las anunciadas operaciones militares.



