La muerte del ciudadano Joel Rafael Cabrera Espino a causa de una pedrada lanzada por el indigente Newton Pérez Félix al vehículo que conducía, según establece la investigación preliminar de la Policía Nacional, es una horrenda tragedia cuyo impacto se extiende más allá del círculo familiar del hoy occiso.
Imagine que usted, amable lector vaya caminando o conduciendo su vehículo tranquilamente y de repente usted, un acompañante o su automóvil sea impactado por una piedra o cualquier otro objeto contundente lanzado con el propósito de causarle un daño, a pesar de que usted ni siquiera conoce al agresor.
El recurrente problema de los desamparados, drogadictos, enajenados mentales, limpiadores de cristales en los semáforos, cobradores de parqueos en los espacios públicos, acosando o exigiendo dinero, en ocasiones acompañados de niños, es una situación que las autoridades deben enfrentar, pues los episodios de agresiones violentas por parte de este tipo de personas van en aumento.
Aunque ya se detuvo al antisocial que sin ninguna justificación lanzó la piedra desde el paso a desnivel de la avenida 27 de Febrero hacia el vehículo conducido por Cabrera Espino ,no dudamos que pase lo que ocurre en muchos de esos casos, que en unos cuantos meses, esa persona vuelva a la calle quizás a hacer lo mismo.
Los puertos donde arriban cruceros turísticos, las periferias de los grandes centros comerciales y las intersecciones de las principales calles del país son escenarios del hostigamiento y acoso a ciudadanos dominicanos o turistas extranjeros por parte de indigentes, o individuos con ostensibles problemas mentales o bajo la influencia de alcohol y drogas.
¿Tendrán que morir más inocentes para que las autoridades decidan resolver el problema de los indigentes, enajenados mentales, mendigos y drogadictos dominicanos y haitianos que pululan amenazantes por doquier?



