NUEVA YORK — De todos los lugares posibles, por supuesto que el dominicano Fernando Tatis Jr. lo hizo aquí. ¿Dónde más iba a tener, posiblemente, el mejor juego de su carrera en Grandes Ligas? ¿Dónde más iba a protagonizar quizás el robo de jonrón más increíble de un repertorio que ya está repleto de ellos?
Donde todo comenzó, por supuesto.
Hace casi dos décadas, Tatis era un niño que vivía en el apartamento de su padre en el primer piso de un edificio en Nueva York, mientras su papá jugaba con los Mets. Según lo contó el verano pasado, su apartamento tenía una pared que era apenas un poco más alta que él. Así que Tatis Jr. hizo lo que haría cualquier niño de 10 años.
Fue allí donde comenzó a perfeccionar el arte de robar jonrones. Y presumiblemente fue allí donde empezó a soñar con momentos como éste.
“Solía golpear la pelota contra la pared y saltar por encima para tratar de atraparla”, recordó Tatis tras la victoria de los Padres 5-2 sobre los Mets la noche del martes. “También recuerdo todas las veces que no podía atraparla. Así que tenía que saltar la pared, ir a buscarla y luego regresar”.
“Es un gran recuerdo. Verlo hacerse realidad es increíble. Definitivamente es un sueño de niño hecho realidad. Hombre, por eso jugamos este deporte”.
Para noches como ésta. Tatis disparó un monumental jonrón de 452 pies, según la proyección de Statcast, hacia el segundo nivel de las gradas entre el jardín izquierdo y el central con el primer pitcheo del juego. En el quinto episodio, conectó un impresionante cuadrangular de dos carreras por la banda contraria.
Pero fue lo que ocurrió entre ambos batazos lo que hizo vibrar a Citi Field y causó sensación en el mundo del béisbol. Tatis se desplazó hasta la cerca, cerca del letrero de 330 pies en la esquina del jardín derecho. En un solo movimiento, saltó y extendió el guante por encima de la cerca mientras su gorra salía volando. Por un breve instante, el estadio quedó en silencio, preguntándose dónde exactamente había caído la pelota.
Tatis hizo una pausa. Luego, se lo hizo saber a todos. Pasó la pelota de la mano enguantada a la mano descubierta y la levantó, poniendo el broche a lo que sin duda quedará como una de las jugadas emblemáticas de su carrera.
“No sólo lo hace”, dijo el manager de los Padres, Craig Stammen. “Lo hace con estilo”.
Tatis, ganador en dos ocasiones del Guante de Platino como jardinero derecho, ha protagonizado numerosas jugadas defensivas increíbles. En particular, robos de jonrones. El año pasado tuvo cuatro en un lapso de 27 juegos como local en Petco Park. A principios de esta temporada, le robó un cuadrangular a Rafael Devers por segundo año consecutivo, en circunstancias inquietantemente similares en ambas ocasiones.
Ésta fue su favorita. Cuando le preguntaron en qué lugar la pondría…
“Diría que es la número uno”, dijo Tatis. “No por la jugada en sí, sino por la situación, por el momento en el que estamos. Nuestro lanzador está batallando en el montículo, tratando de ejecutar sus pitcheos. Quitar un grand slam del marcador en ese momento cambia el juego”.
La jugada fue indiscutiblemente espectacular. Incluso sin tomar en cuenta el contexto, podría haber sido la mejor de Tatis. Pero además había muchísimo en juego.
Los Padres están luchando por posicionarse para la postemporada. Tatis les había dado ventaja de 1-0 con el 18vo jonrón de su carrera abriendo un juego. El abridor Robbie Ray, quien todavía buscaba encontrar su ritmo después de ser cambiado a San Diego a principios de este mes, llenó las bases con dos outs en el segundo inning.
Tatis se aseguró de que Ray escapara del episodio sin permitir carreras. Desde el montículo, Ray claramente no podía saber si Tatis había realizado la atrapada. Cuando Tatis mostró la pelota, Ray se llevó el guante a la cabeza y abrió la boca, incrédulo. En otras palabras, reaccionó como todos nosotros.
“Definitivamente me tomó por sorpresa”, dijo Ray, quien consiguió su primera victoria con los Padres tras lanzar seis innings de una carrera. “Sabía que había tenido una buena reacción hacia la pelota. Pero no supe que la había atrapado hasta que levantó la bola. Fue entonces cuando me llevé las manos a la cabeza. Fue simplemente increíble”.
Tres entradas después, Tatis disparó un vuelacercas de dos carreras por la banda contraria para darles a los Padres ventaja de 3-0. Había generado las tres anotaciones y evitado otras cuatro, esencialmente un cambio de siete carreras.
“Sin duda está entre los juegos de mayor impacto que ha tenido como jugador de los Padres”, dijo Stammen. “Miras cuántas carreras generó y luego cuántas evitó. Es una cifra bastante grande. Se habla del plus-minus en la NBA y en el hockey. Tatis tuvo un enorme plus-minus esta noche”.
El jonrón de Tatis para abrir el juego recorrió 452 pies, convirtiéndolo en el único jugador de Grandes Ligas esta temporada con cuatro cuadrangulares de al menos 450 pies. Nada mal para alguien que no conectó su primer vuelacercas de la campaña sino hasta el 30 de mayo.
Pero incluso cuando Tatis tenía dificultades para mostrar su poder, estaba marcando la diferencia con sus otras cuatro herramientas, especialmente con el guante. Ahora ha llegado a 15 jonrones y ha vuelto a consolidarse como el tipo de jugador capaz de hacer prácticamente cualquier cosa en un terreno de béisbol.
Ya sea conectando jonrones… o robándolos.
Entonces, ¿qué prefiere? “Es una pregunta difícil”, dijo Tatis. “Pero el robo de hoy fue más divertido que los dos jonrones”.



