Al conmemorarse hoy -precisamente un lunes a las 7:00 a.m. (10-8-1992)- 34 años de haber ingresado a las filas de la Policía Nacional. Justo y preciso es escribir estos versos a la institución que fue el ALMA MATER de muchos jóvenes.
Luego de cumplido once (11) años en la honrosa situación de retiro, me doy cuenta que nuestra institución “no es ni sombra de lo que era”:
Un lunes 10 de agosto de 1992 juré servir de frente,
con la patria entre las manos y la fe como estandarte.
Me enlisté con honor sincero, con disciplina y valor;
hoy me duele ver la sombra donde antes brilló el honor.
Una auditoría ha vuelto a despertar la preocupación,
poniendo bajo la lupa la corrupción y la descomposición.
No bastan nuevos decretos ni promesas de ocasión;
sin principios y sin ejemplo no habrá transformación.
34 AÑOS DESPUÉS
Me enlisté hace treinta y cuatro años con honor y vocación,
para servir a mi patria con entrega y convicción.
Vestí con orgullo el uniforme defendiendo la nación,
creyendo que la justicia era nuestra misión.
Hoy miro con tristeza el caos y los engaños,
la corrupción creciendo entre reformas y cambios.
No todo está perdido, aún vive la esperanza,
si la verdad se abraza y la honestidad avanza.
Que renazca la institución con valor y con decoro,
y que vuelva a ser ejemplo como un verdadero tesoro.
No permitas que el uniforme pierda su dignidad,
porque un pueblo necesita, justicia y verdad.
Que el honor vuelva a ser la insignia principal,
y no el miedo, el silencio ni el provecho personal.
Solo regresando a su esencia renacerá la institución nacional.
Me enlisté con fe en el pecho, jurando servir de frente,
hoy me duele ver la sombra donde brilló tanta gente.
Vi el honor caminar erguido con firmeza y con valor,
hoy lo cercan la ambición, la indiferencia y el temor.
Cuando el cargo vale más que la palabra empeñada,
la justicia pierde el rumbo y la conciencia queda atada.
No hay uniforme que resista si se vende la lealtad,
ni medalla que devuelva lo perdido a la verdad.
Pero aún late una esperanza bajo el pecho del valiente:
que despierte la conciencia y renazca la simiente.
Que regrese la disciplina, el respeto y la razón;
que el uniforme sea orgullo y no motivo de aflicción.
Porque una patria no se salva con discursos ni apariencias;
se levanta cuando el hombre es fiel a su propia esencia.
MENSAJE FINAL
La Policía Nacional merece recuperar la esencia con la que fue concebida: “servir, proteger y honrar al pueblo dominicano”. Ninguna institución está condenada si quienes la integran deciden rescatar sus principios. Que prevalezcan la disciplina, la transparencia, el respeto a la ley y el compromiso con la ciudadanía, para que las futuras generaciones encuentren una Policía digna de su uniforme y del sacrificio de quienes la han servido con honor.
Los que hoy quieren sabotear a la institución de respeto, disciplina y lealtad para convertirla en pura mierda, debieran darse un baño en el rio Pactolo, a ver si se les quita el complejo de Rey Midas.



