Mucha gente que solo pueden ver la política de un lado, no son capaces de ver en su justa dimensión la forma de hacer política del presidente estadounidense Donald Trump; no obstante a ello, la realidad objetiva nos indica que tras su salida del poder en enero 2028, Estados Unidos no solo tendrá en él a un ex presidente más, sino una obra de referencia en los principales centros de pensamientos de diversas área del conocimiento, razones que muy previsiblemente lleven al actual vicepresidente James David Vance, “JD Vence” en sus siglas en inglés, a continuar con sus políticas más allá del 2028.
Esto así, porque a pesar de haber tenido infancias y crecimientos totalmente disímiles, son parecidos en pensamiento abierto hacia el mundo y los intereses de su país, a pesar de haber 40 años de diferencia entre ambos.
Los estadounidenses suelen inmortalizar a sus presidentes por su estilo ideológico de gobernar y por ello, no solo lo denominan el demócrata o el republicano, sino como el que ha empujado más la economía o la política exterior y hasta les tienen seleccionado el tercer lunes de febrero, como un día de festejo federal, El día de los presidentes (Presidents Day). Aparte de los privilegios característicos de los expresidentes relativos a su seguridad personal, también se le suele construir una biblioteca pública con su nombre. Sin embargo, soy de opinión que al igual que Obama eclipsó al mundo en ser el primer presidente negro en llegar a la Casa Blanca, (The White House), la forma de Trump haber llegado al poder en 2017 y su sorpresivo e inusual regreso el 2024 confirman mi teoría.
Ahora bien. ¿Por qué decimos que Vance dará continuidad al actual legado y forma de dirigir los destinos e intereses mundiales de los Estados Unidos de Norteamérica? Nuestro razonamiento y estudio del personaje nos refleja que si por ejemplo o circunstancia de la vida, en este preciso momento, Donald Trump decidiera renunciar al cargo de presidente, Vance continuaría las mismas políticas públicas actuales con marcadas excepciones. El vicepresidente llegó al cargo con 39 años luego de pasar a penas uno como Senador, no sin antes vivir una vida propia de un relato de telenovela.
Oriundo de un estado pobre y una localidad rural, hijo de un matrimonio roto por el uso de drogas de su padre, a muy temprana edad se enlistó en el ejército y sirvió en Irak durante la administración del también republicano George W. Bush, presidente No.43. Según datos confirmados, no combatió en el frente porque su misión era escribir artículos de opinión sobre el desarrollo de la guerra; claro que afines al Pentágono, sin embargo, su pensamiento al regresar sufrió una transformación que lo llevó a ser crítico del partido republicano y la forma de cómo se ejercía la política exterior desde el militarismo.
Vance, abandonó los marines y se formó como abogado creando un personaje público sin proponérselo a través de varios libros que relataban la vida rural del americano pobre y su contraste con ciertas políticas del gobierno federal. Aquellas reflexiones lo llevaron incluso a criticar duramente al actual presidente a quien calificó como un peligro social. sin embargo cuando Trump empezó a poner en marcha algunas de sus promesas de campaña como la construcción de muro fronterizo con México y su enfrentamiento con los líderes de los países miembros de la Alianza del Atlántico Norte, OTAN por el enorme presupuesto que ellos gastan, cuando los demás socios apenas invierten en gasto militar un poco más del 1% de su producto interno bruto (PIB), lograron un giro ideológico catalogado de contradictorio por otros sobre los dicho antes de Trump y su nueva postura.
Aquel libro “Hillbilly Elegy” Una elegía rural que daba cuenta de una familia desestructurada y una sociedad en crisis y su éxito de venta, colocó a Vance en la mirada de gente influyente del mundo político e intelectual que sumado a su figura del tradicional joven americano, vieron en él un futuro presidente de los Estados Unidos y soy de los que entiende que está a un paso de conseguirlo en las próximas elecciones presidenciales.
Por: Luis Columna Solano/ Politólogo



