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Lecciones de Noruega para República Dominicana

Vista una comparación entre Noruega y Venezuela en las redes sociales, pensamos efectivamente que esta ofrece una lección poderosa sobre cómo la gestión efectiva de los recursos naturales y una visión estratégica de largo plazo pueden transformar el destino de una nación. Mientras Noruega ha logrado consolidarse como una de las economías más prósperas y estables del mundo, Venezuela, a pesar de poseer las mayores reservas probadas de petróleo, enfrenta una crisis económica y social sin precedentes. Este contraste no se debe únicamente a la abundancia de recursos, sino a la manera en que cada país ha administrado sus riquezas naturales y ha proyectado su desarrollo.

En la década de 1970, Noruega era una nación cuya economía dependía principalmente de la pesca y la agricultura, sectores que la situaban al borde del subdesarrollo. Sin embargo, el descubrimiento de yacimientos de petróleo y gas en el Mar del Norte marcó un punto de inflexión. En lugar de optar por un enfoque populista que distribuyera las ganancias de manera inmediata, Noruega adoptó una estrategia de largo plazo. Creó el Fondo Soberano de Noruega (oficialmente conocido como el Fondo de Pensiones del Gobierno de Noruega), que reinvierte los ingresos provenientes del petróleo en activos financieros globales, como acciones de empresas tecnológicas, bonos internacionales y bienes raíces. Este fondo, que en 2023 gestionaba activos por más de 1.4 billones de dólares, generó ese mismo año ganancias de 213 mil millones de dólares, (el presupuesto nacional de Republica Dominicana en dólares para ese mismo año fue de 23.9 mil millones de dólares), financiando aproximadamente el 20% del presupuesto nacional noruego.

Por su parte, Venezuela, con reservas petroleras que superan las de Noruega, optó por un modelo populista, especialmente durante las últimas dos décadas bajo el llamado «Socialismo del Siglo XXI». Los ingresos petroleros se destinaron a subsidios masivos, como combustibles y energía eléctrica a precios irrisorios, y a programas sociales de corto alcance que no fomentaron el desarrollo sostenible. Este enfoque, combinado con una gestión ineficiente y corrupta, llevó a la dilapidación de recursos, y para colmo, con el afán de protagonismo politiquero de los gobernantes de allí, que asumen como inagotables dichos recursos, se dedicaron, prácticamente, a “regalarlo” a Cuba y otros países a cambio de apoyo regional al régimen instaurado.

Como resultado, el PIB venezolano en 2025 apenas ronda los 96 mil millones de dólares, mientras que el de Noruega supera los 485 mil millones de dólares, con una economía diversificada, un alto índice de actividad comercial y uno de los mejores niveles de vida del mundo.

La República Dominicana, aunque no cuenta con hidrocarburos en abundancia, está dotada de recursos naturales valiosos, como el oro y, más recientemente, el descubrimiento de tierras raras, minerales críticos para la fabricación de tecnologías avanzadas como baterías de vehículos eléctricos, turbinas eólicas y dispositivos electrónicos. Estos recursos representan una oportunidad histórica para el país, siempre que se gestionen con una visión estratégica y no se copien los errores de modelos populistas.

Con el mayor espíritu de humildad que creemos poseer, nos permitimos presentar algunas recomendaciones que podrían ser ponderadas para optimizar la gestión de estos recursos en la Republica Dominicana:

1.- Creación de un Fondo Soberano Dominicano: La República Dominicana debería establecer un Fondo Soberano inspirado en el modelo noruego. Este fondo canalizaría los ingresos generados por la explotación de oro, tierras raras, entre otros recursos naturales, hacia inversiones diversificadas y de bajo riesgo en mercados globales. Las prioridades de inversión podrían incluir. a) Compra de acciones en empresas tecnológicas de alto rendimiento; b) Apoyo asociativo en juegos virtuales; c) Inversiones en bonos internacionales; d) Inversiones en bienes raíces globales; e) Inversiones en fondos de capital privado en sectores estratégicos.

El fondo debe operar con transparencia absoluta, bajo la supervisión de un Consejo independiente integrado por expertos en finanzas, economía y gobernanza, bajo la supervisión del Banco Central, y con auditorías regulares y reportes públicos para garantizar la confianza ciudadana.

2.- Inversión en Capital Humano: Noruega destina una parte significativa de los ingresos de su fondo soberano a mejorar la calidad de vida de su población, particularmente en educación y salud. Por ejemplo, los niños desde que nacen hasta cumplir su mayoría de edad tienen un fondo que representa 100 dólares por mes para garantizar gastos de sus estudios universitarios; estos recursos de depositan en un fondo de inversiones que reditúa a la vez intereses en la cuenta personal de cada uno de estos. En la República Dominicana, los beneficios del fondo soberano podrían financiar: a) Becas para educación técnica y superior: c) Inversión en salud pública (mejoramiento de servicios en hospitales y clínicas rurales).

3.- Diversificación Económica: Dependiendo exclusivamente de la explotación de recursos naturales, cualquier esquema económico del tipo populista es riesgoso para el país, como demuestra el caso venezolano, entre otros de Latinoamérica. La República Dominicana debe usar los ingresos del oro y las tierras raras para diversificar su economía. Algunas áreas prioritarias incluirían: a) Turismo sostenible; b) Energías renovables; c) Innovación tecnológica; d) Crear un fondo, o acápite ambiental, dentro del Fondo Soberano.

4.- Gobernanza y Transparencia: Para evitar el despilfarro y la corrupción, el gobierno dominicano debe crear una ley específica que regule la creación y operación del Fondo Soberano, con objetivos claros y mecanismos de rendición de cuentas.

Involucrar a la sociedad civil en la supervisión del fondo, permitiendo la participación de ONG, universidades, iglesias, y ciudadanos especializados en auditorías públicas, sería bien percibido por la población en sentido general.

Contratar asesores nacionales e internacionales con experiencia en la gestión de fondos soberanos, como los de Noruega, Singapur o Emiratos Árabes Unidos, sería beneficioso para la multiplicación de recursos redituables para el país.

En conclusión, la República Dominicana tiene ante sí una oportunidad histórica para aprovechar sus recursos naturales de manera inteligente y sostenible. Inspirarse en el modelo noruego, con la creación de un Fondo Soberano, inversiones estratégicas y un enfoque en la educación y la diversificación económica, permitirá al país no solo evitar los errores de países latinoamericanos ricos en recursos naturales que no se traducen en beneficios económicos sociales para sus poblaciones a largo plazo, sino que se aprovecharían los mismos para construir un futuro próspero para las generaciones actuales y futuras, influyendo en la estabilidad económica del país, la reducción de la desigualdad y un posicionamiento global interesante para cualquier tipo de política pública en la que se embarque cualquier gobierno futuro.

Es imperativo que las autoridades dominicanas, y la clase política, actúen con visión de estadistas, priorizando el bienestar colectivo y la sostenibilidad sobre los beneficios inmediatos. La consulta con expertos internacionales, la transparencia en la gestión y el compromiso con el medio ambiente serán clave para garantizar el éxito de esta iniciativa. Es hora de que la República Dominicana apueste por un modelo de desarrollo que convierta sus riquezas naturales en un legado duradero.

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