A San Juan le están vendiendo una promesa envuelta en lenguaje técnico y entusiasmo político, y es el de convertir la provincia en un “distrito energético” a partir de un proyecto de hidro bombeo. Suena moderno, suena ambicioso, suena transformador. Pero cuando se raspa la superficie, lo que aparece no es desarrollo, sino una ilusión costosa.
De acuerdo a entrevistas, investigaciones, análisis junto a expertos en el área y conversaciones con técnicos extranjeros con experiencia en el tema, el hidro bombeo, hay que decirlo sin rodeos, es una obra impresionante desde el punto de vista de la ingeniería. Es sofisticado, complejo, casi una pieza para un museo tecnológico porque allí participan las ingenierías: mecánica, civil, electromecánica, hidráulica, además de la telemetría y la mecatrónica. Pero una cosa es admirar la ingeniería, y otra muy distinta es confundirla con desarrollo económico.
Porque aquí está el primer punto que no se está diciendo con claridad, y es que el hidro bombeo no produce riqueza, tal y como mencionara el senador de la provincia, digamos que para tratar de mantener su popularidad. No genera bienes, no transforma materias primas, no dinamiza cadenas productivas. Es, en esencia, un sistema para almacenar energía. Útil, sí. Estratégico en ciertos contextos, también. Pero no es, ni de lejos, un motor de crecimiento económico para esa provincia.
Entonces, ¿por qué el senador la presenta como la gran oportunidad de San Juan? La respuesta parece más política que técnica.
Como música para los oídos de la población, se habla de empleos. Se trae a colación una cifra que suena atractiva mencionando alrededor de dos mil puestos de trabajo. Pero no se explica que esos empleos serían, en el mejor de los casos, temporales, concentrados en la fase de construcción. Una vez en operación, este tipo de infraestructura requiere muy poco personal. No es una zona franca. No es un parque agroindustrial. No es un ecosistema productivo. Es una instalación altamente automatizada.
Se habla también de beneficios económicos. Pero, algunos de los expertos que consultamos nos dicen que el propio diseño del sistema eléctrico limita esa posibilidad. El modelo de hidro bombeo depende de comprar energía barata y venderla más cara. Sin embargo, en República Dominicana existe un tope en los precios que reduce ese margen. En otras palabras: el negocio, tal como se pinta, no cuadra. Y luego está el costo.
Además, no estamos hablando de una inversión cualquiera. De acuerdo a nuestras investigaciones, el hidro bombeo puede costar más del doble que una hidroeléctrica convencional, y hasta diez veces más que alternativas modernas como el almacenamiento en baterías. Es una solución cara, compleja y lenta. Requiere años de estudios, excavaciones en cavernas con incertidumbre geológica, y un entorno regulatorio que todavía no está plenamente preparado. A propósito, se requeriría de un estudio de impacto ambiental (EIA), ya que puede afectar acuíferos, flujos de agua, ecosistemas, además de zonas montañosas.
Para colmo, su capacidad es limitada y más en San Juan, en donde el recurso hídrico es muy frágil. En el mejor de los casos, el sistema podría generar energía durante dos o tres horas continuas. No más. Además, es, en términos prácticos, un apoyo puntual al sistema eléctrico, no una solución estructural.
Entonces, la pregunta clave seria, ¿Se está diseñando el futuro de San Juan… o simplemente justificando una obra, para descalificar la minería? Porque mientras el senador de la provincia presenta este proyecto, comparándolo con la explotación minera, se deja de lado una verdad un tanto cuestionable, San Juan ya tiene un activo mucho más poderoso que no ha sido plenamente aprovechado. Su capacidad agrícola. Y decimos, con toda propiedad, que muy posiblemente la solución de la provincia esté al alcance de las manos, solo que la mentalidad de la población tiene que necesariamente cambiar.
San Juan produce. Produce alimentos en volumen, sostiene parte importante del sistema agroalimentario nacional. Pero no transforma. No industrializa. No captura valor. Y ahí está el verdadero problema, y también la verdadera oportunidad.
Si se invirtiera una fracción de lo que costaría el hidro bombeo en desarrollar agroindustrias, en procesamiento de alimentos, en cadenas de valor, en logística, en exportación… el impacto sería inmediato, tangible y sostenido. Empleo real. Riqueza distribuida. Desarrollo territorial. Pero eso no luce tan espectacular en una presentación. De allí la contaminación de la política.
El hidrobombeo puede ser útil, sí. Puede aportar estabilidad al sistema eléctrico nacional, aprovechar excedentes de energías renovables y cumplir una función técnica importante. Pero venderlo como una panacea y la gran palanca de desarrollo para San Juan es, en el mejor de los casos, una exageración. En el peor, una distorsión.
San Juan no necesita un proyecto que impresione. Necesita proyectos que transformen. Y entre almacenar energía por unas horas, o generar riqueza por décadas, la decisión debería ser evidente.
La pregunta final no es si el hidro bombeo funciona. La pregunta que “cae de la mata” es, si eso es lo que realmente necesita San Juan. Y la respuesta, cada vez más clara, es que no.
Por MAR



