Mientras las oficinas dependientes de la Organización de Naciones Unidas (ONU), y Amnistía Internacional utilizan la excusa de la violencia en Haití para exigir que la República Dominicana suspenda las deportaciones de haitianos indocumentados, no escriben nada con las deportaciones realizadas desde Estados Unidos y otras naciones.
Mientras se les pide a los dominicanos continuar desangrando el presupuesto de salud con miles de parturientas haitianas teniendo hijos a costa del erario público, el Departamento de Seguridad Interna Norteamericano confirma el reinicio de la exclusión de haitianos desde Estados Unidos, con las primeras 50 personas deportadas, hace a pena unos días.
Países con mayor cercanía cultural y similares raíces antropológicas con los haitianos los expulsan sin miramientos, los encierran en jaulas, los mantienen amarrados para evitar que puedan escapar o resistirse al arresto, en Estados Unidos existen casos de haitianos recibiendo latigazos como en los mejores tiempos de la esclavitud o violados con palos de escobas como le hicieron a Abner Louima.
Francia, Estados Unidos y Cánada, dejan caer migajas a una economía haitiana cuyo pronóstico es tétrico, las pandillas controlan el 85% de Puerto Príncipe y en poco tiempo el Palacio de gobierno haitiano con todo y el recién electo Consejo Nacional de Transición podría ser ocupado por los grupos armados.
Mientras Haití arde por los cuatros costados, el Estado de Israel se aproxima a los 35 mil personas asesinadas en un genocidio sin final y las potencias neocoloniales voltean la cara, pero a los dominicanos el «amigo “norteamericano prefiere despacharles un «informe» que nos acusa de tratos tan crueles e inhumanos con los haitianos que poco le faltó para equipararnos con Israel. ¡Cuánta hipocresía Señor en este mundo!



