La autoestima no nace de un día para otro.
Se construye, se trabaja, se cultiva… y muchas veces, se reconstruye desde los pedazos de lo que alguna vez creíste que eras.
No existen personas con la autoestima perfecta; todos tenemos heridas, puntos de mejora y temas por resolver. Somos humanos.
La autoestima no es un maquillaje emocional.
No es decirte “yo puedo” cuando por dentro te sientes rota.
Tampoco es una actitud arrogante o desafiante.
La autoestima es, más bien, un acto íntimo de honestidad.
Es mirarte con verdad.
Reconocer tus luces.
Aceptar tus sombras.
Y, aun así, tratarte con dignidad.
La autoestima es ese espacio donde decides dejar de pelear contigo misma.
Es el lugar donde comprendes que tu valor no depende de lo que opinan otros, ni de tus logros, ni de tus fracasos.
Depende de la relación que tienes contigo.
He acompañado a muchas personas que se sienten “insuficientes”, pero no porque lo sean… sino porque durante años escucharon voces equivocadas que repetían:
“No eres capaz.”
“No lo vas a lograr.”
“No eres suficiente.”
Y lo repitieron tanto… que terminaron creyéndolo.
Pero hoy quiero recordarte algo:
La autoestima se elige.
Se elige cada vez que decides ponerte de pie después de una caída.
Cada vez que dices “no” a lo que te hace daño.
Cada vez que te das permiso para crecer, descansar o empezar de nuevo.
Cada vez que te tratas con el mismo respeto, la misma paciencia y la misma compasión como tratarías a alguien que amas.
La autoestima no es un destino.
Es un camino.
Un proceso continuo de volver a ti.
Por eso, hoy te invito a hacer algo sencillo, pero profundamente transformador:
Háblate bonito.
Reconoce lo que has avanzado.
Regálate una palabra de aliento.
No por ego… sino por respeto a la historia que estás construyendo.
Porque cuando tú cambias la forma en que te miras, cambia todo lo que crees posible.
Y tú, cómo te estás hablando hoy?
Por Nathalie Tejada
Mentora en Desarrollo Humano Fundadora de Psicopaz
Para más contenido como este, sígueme en: @Psicopaz.nt. @nathalietejadam



