El 20 de marzo pasado, Enlace Digital, publicó el editorial ¿Huracanada tormenta hacia República Dominicana? en el cual pronosticaba un empeoramiento de la crisis geopolítica mundial originada por la agresión estadounidense-israelí contra la República de Irán, con el consecuente cierre del estrecho de Ormuz y el impacto mundial en el precio de los hidrocarburos, fertilizantes, alimentos y materias primas.
En ese editorial advertíamos que la guerra en el medio oriente empujaba al gobierno dominicano a limitar o terminar los subsidios sociales que ha mantenido a costa de un enorme endeudamiento externo como lo evidencia el déficit acumulado entre marzo y abril que ya supera los RD62,723 millones.
Acorralado por una situación seria, con final incierto, el presidente Abinader hizo un llamado el pasado 5 de abril desde la sede del Ministerio de las Fuerzas Armadas a un «Gran Acuerdo Nacional», en el que según él, «se socializarán planes y medidas diseñadas por el Gobierno, con miras a mantener las estimaciones de crecimiento económico y mitigar el impacto negativo sobre las familias dominicanas de una crisis global, que se desconoce cuándo terminará» y, como era de esperarse fue apoyado de inmediato por el Consejo Nacional de la Empresa Privada (CONEP) junto a otros sectores afines, pero recibido fríamente por los opositores de la Fuerza del Pueblo (FP) y el Partido de la Liberación Dominicana (PLD).
Muchos dominicanos no comprenden la gravedad de la crisis, como muestra el hecho de que en la pasada Semana Santa se rompió el récord de movilidad vehicular y consumo de combustibles, en un país que no es productor de hidrocarburos y comienza una escalada en los precios cuyos alcances son imprevisibles, aunque haya un frágil alto al fuego y un tenso tira y afloja entre las partes en guerra.
Así las cosas, un Acuerdo Nacional que aborde las políticas fiscales, cambios en los subsidios, renegociación de la deuda externa, el excesivo gasto corriente o la estabilidad de los precios en los comestibles, a nuestro modo de ver es un clamor en el desierto, que no va a cambiar el difícil escenario.
Porque la oposición política buscara pescar en aguas turbulentas, las organizaciones de chóferes y de transporte comienzan a inquietarse, los sectores vulnerables no aguantan corte de subsidios, y la oligarquía como siempre, se lavará las manos como Pilatos y dejará al gobierno de uno de los suyos abandonado a su suerte, en una pendiente económica de pronóstico reservado.



