Desde sus tiempos de Senador, el ahora secretario de Estado norteamericano, Marcos Rubio, desarrolló una firme obsesión con las inversiones chinas en Latinoamérica, pero muy especialmente las realizadas en México, Panamá, Perú y República Dominicana, pues en el caso quisqueyano, el potencial de crecimiento y expansión de las operaciones comerciales chinas en Centroamérica y el Caribe son enormes.
El rompimiento de relaciones con Taiwán y la formalización de relaciones con China, el 1 de mayo del 2018 por el entonces presidente Danilo Medina, desató en extremistas norteamericanos un incontrolable frenesí, que los llevó a activar sus influencias y destinar ingentes recursos en las llamadas ONGs y los agentes mediáticos que ellos controlan en el país, para demonizar y obstaculizar cuanto proviene de China.
Y en esa dirección se inscribe la oleada de allanamientos, persecuciones y sometimientos judiciales a propietarios de comercios chinos que obviamente requiere cubrirlo con un manto de «legalidad» para que la ciudadanía no comience a percibir que esos operativos no son más que acciones impulsadas por Estados Unidos, a través de su legación diplomática, ensordecida porque sus deseos se cumplen a cabalidad en este país.
Atizan a comerciantes dominicanos para enfrentarlos con comerciantes chinos, les acusan de evasión fiscal, contratación de indocumentados, violación a la leyes 17-19 de Comercio ilícito, la Ley 168-21 de Aduanas y hasta les endilgan transgresiones a la Ley de Salud 42-01, vale decir, el gobierno fabrica una efectiva narrativa para congraciarse con «la embajada».
Pero más temprano que tarde, los dominicanos pensantes comenzarán a preguntarse por qué las batidas contra empresas chinas nunca se realizan contra las zonas francas ni otros negocios de capital norteamericanos, ni contra las grandes cadenas de hoteles españolas, ni contra las mineras canadienses, ni ninguna otras cadenas de empresas locales o extranjeras para buscar las mismas violaciones que ellos les achacan tan fácilmente a negocios chinos, ¿o las leyes no son iguales para todos?.
Los Estados Unidos deliran con que seguirán vendiendo sus productos 70% más caros que los chinos, (con el cuento de que tienen mejor calidad) sueñan con seguir controlando a través de su tecnología, comercios desiguales y altos aranceles lo que los dominicanos consumen sin protestar, y eso explica el intenso asedio contra comerciantes chinos, para sacarlos de circulación.
Pero ya los indios fueron exterminados en Latinoamérica, y dice un proverbio chino que,» Cuando soplan vientos de cambios, algunos construyen muros y otros construyen molinos de viento»…



