Recientemente, se recibió sin sorpresa, la suspensión de las visas humanitarias que Estados Unidos otorgaba cada mes a ciudadanos de cuatro países, (Cuba, Haití, Nicaragua y Venezuela), lo cual permitía que hasta 30 mil personas de esos lugares entraran legalmente a esa nación e incluso obtener un permiso de trabajo.
Era alto conocido que por las complejas circunstancias electorales que enfrenta el Partido Demócrata para hacer a la actual vicepresidenta y candidata presidencial Kamala Harris potable a los votantes independientes, que la ayuden a remontar en las encuestas y superar al candidato del Partido Republicano, Donald Trump, esas medidas venían.
Las mediciones muestran que existe en la mayoría de los votantes estadounidenses una opinión desfavorable a los inmigrantes, con la falsa percepción de que la inmigración contribuye al auge de la delincuencia y al deterioro de la calidad de vida, a la que ellos están acostumbrados, aunque la realidad desdice esa percepción.
Pero ,al suspenderle las visas humanitarias o «parole» a los haitianos, los estadounidenses saben que agregan una presión extra a la República Dominicana, pues miles de haitianos acudirán a las alternativas más cercanas para escapar del caos en Haití y esas limitadas opciones incluyen intentar llegar en frágiles embarcaciones a Estados Unidos o cruzar la frontera dominicana.
Al negarles visas humanitarias a los haitianos, los estadounidenses previeron más detenciones de haitianos en la República Dominicana y cuando se realizan redadas contra haitianos indocumentados algunas organizaciones crean escándalos internacionales, los cuales serán aprovechados electoralmente por los demócratas, unificando a los votantes negros al acusar de racismo y xenofobia a sus villanos favoritos: los dominicanos.



