La frecuencia de movimientos sísmicos en la República Dominicana parece multiplicarse y durante el asueto de Semana Santa se produjo uno de esos eventos telúricos, localizado según los entendidos, a 15 kilómetros de Villa Altagracia, con una magnitud de 4.5, escala aproximada a otros terremotos recientes.
Por fortuna, hasta este momento ninguno de los temblores de tierra registrados en el territorio nacional, durante estos años ha ocasionado grandes pérdidas de vidas o materiales, pero eso no significa que la tensión o la readecuación definitiva de placas tectónicas hayan terminado.
Todo lo contrario, a partir del devastador terremoto ocurrido en Haití el 12 de enero del 2010, academias y expertos alrededor del mundo manifiestan la posibilidad de que dada la situación de las fallas geológicas alrededor de la isla, es muy posible la ocurrencia de uno o varios sismos de mucha magnitud.
Ya puestos sobre aviso, lo mejor es estar preparados, por eso el Estado debe organizar desde ahora campañas para responder a una catástrofe telúrica de envergadura, entrenando al personal de emergencia, educando a la ciudadanía, en torno a recomendaciones y preparativos que minimicen el impacto destructivo si ese aciago acontecimiento ocurre.
En las tereas preventivas, los Ministerio de Viviendas y Edificaciones (MIVED) y de Obras Públicas (MOPC) juegan un rol estelar pues recae sobre sus hombros la responsabilidad de fiscalizar que las construcciones de edificios, puentes y carreteras sean reforzadas y cumplan con medidas antisísmicas que puedan resistir adecuadamente los terremotos ,para no lamentarnos luego.



