jueves, junio 13, 2024
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Reforma fiscal, la espada de Damocles

Los sectores económicos nacionales vienen desde hace décadas, advirtiendo sobre la inevitable reforma a la base de ingresos del Estado dominicano, pues sus presupuestos anuales resultan consistentemente deficitarios sea por el incremento en el gasto público, por las limitadas recaudaciones, por la dilatada sincerización de las exenciones fiscales, o por la combinación de factores.

Los sucesivos gobiernos rehúyen a la responsabilidad de clarificar y ajustar el Código Tributario, pues prefieren mantenerse en una postura cautelosa ante el espinoso tema, para evitar tocar los intereses de la oligarquía nacional o de las grandes multinacionales, que operan en nuestro país con amplias ganancias, en algunos casos resultante de exoneraciones o muy exiguas cargas impositivas.

Los ingresos del Estado continúan siendo deficientes para cumplir con proyectos de inversión en aras de avanzar en el desarrollo y el progreso nacional, ese balance negativo en las finanzas públicas, se viene compensando con empréstitos sobre empréstitos, lo que a su vez nos lleva a un continuo endeudamiento, y por esa vía a un mayor porcentaje del Producto Bruto Interno dedicado a saldar pagos e intereses de esas deudas.

La reforma, pacto o acuerdo fiscal, es ineludible, lo sabemos, ahora bien, desde ahora advertimos sobre la necesidad de resoluciones realistas, equitativas y progresivas, o dicho de otra forma, que quienes disponen de mayores ingresos hagan mayores aportes al fisco, al tiempo que el Estado analice la calidad de sus gastos, para evitar que la espada de Damocles, que pende sobre esa reforma se desplome sobre la estabilidad y la gobernabilidad existente.

En las actuales condiciones del país, por razones obvias, la clase media, ni los pobres dominicanos pueden continuar siendo castigados con impuestos directos o indirectos, aunque lo pidan las organizaciones internacionales representantes del gran capital, para evitar caer en la vorágine de una violenta crisis sociopolítica que empeoren la situación. Observemos a Colombia. Aprendamos de esa lección.

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