La pregunta seria ¿cuáles pensamientos le pasan por la cabeza a una persona que llama reiteradamente, sin ninguna necesidad al Sistema Nacional de Emergencias y Seguridad (911), simplemente para burlarse o molestar a los operadores del servicio.
Desde la creación de esa importante modalidad de respuestas a los requerimientos urgentes de las personas, en donde con mucho esfuerzo y dedicación se mantiene el sistema 911, cada año, ocurren miles de llamadas que transgreden la ley 140-13 mientras los sometimientos y condenas judiciales por tales acciones son mínimas.
Según datos de la Dirección de Investigación y Estadísticas, el sistema 911 ha recibido en los últimos 3 años cerca de 400 mil llamadas, catalogadas como molestosas, y lastimosamente la mayor cantidad de ese tipo de llamadas telefónicas ocurrieron en el 2021, cuando debería ser lo contrario, pues se supone que con el paso del tiempo el nivel de concientización de los desaprensivos dedicados a esos menesteres debería ser mayor.
Las llamadas molestosas al sistema 911 colocan en peligro a personas que verdaderamente requieren la intervención de algunas unidades de ambulancias, bomberos, policías o defensa civil, pues mientras los operadores responden las llamadas de bromistas descerebrados, otros ciudadanos cuyas vidas pueden estar en riesgos son puestos en espera.
La tarea de identificación, sometimiento judicial y castigo de quienes realicen llamadas molestosas al 911 tiene que multiplicarse, aunque sea necesario incrementar el número de fiscales asignados a la Procuraduría Especializada de Delitos de Alta Tecnología (PEDATEC), en aras de erradicar de raíz esos desmanes.
El mal uso del Sistema 911 por parte de vándalos debe ser combatido sin descanso porque ese mal uso implica gastos extras del Estado y un obstáculo para los verdaderamente necesitados de un servicio fundamental en la preservación de vidas y bienes en el país.



