InicioOpiniónLeonel 2028, el candidato ganador que todos intentan detener

Leonel 2028, el candidato ganador que todos intentan detener

Por años hemos sostenido que la política dominicana no se mueve únicamente por ideologías, programas de gobierno o debates de ideas. Se mueve, sobre todo, por intereses de poder. Y cuando el poder se siente amenazado, activa todos los mecanismos a su alcance para preservar su posición.

Desde esa perspectiva, resulta imposible analizar el escenario político de cara al 2028 sin observar un hecho evidente, el crecimiento sostenido del doctor Leonel Fernández, se ha convertido en una de las principales preocupaciones de los sectores que controlan el poder político nacional.

La historia reciente explica por qué.

La fractura del Partido de la Liberación Dominicana no comenzó en 2019. Aquella crisis fue simplemente la explosión de una confrontación que llevaba décadas incubándose. Cuando el doctor Leonel Fernández fue escogido candidato presidencial en 1996, surgieron tensiones internas que jamás desaparecieron completamente. Con el paso de los años, esas diferencias fueron creciendo hasta desembocar en el traumático proceso de las primarias de 2019.

Muchos dominicanos, entre los que me incluyo, seguimos convencidos de que aquellas primarias dejaron más preguntas que respuestas. Resultó difícil comprender cómo tendencias aparentemente consolidadas terminaron revirtiéndose en las horas finales del proceso. Resultó igualmente difícil aceptar las múltiples incidencias denunciadas aquella noche. Pero más allá de quién tenga razón sobre lo ocurrido, el resultado político fue contundente, una parte importante del PLD perdió la confianza en sus propios mecanismos internos.

De esas heridas nació la Fuerza del Pueblo.

Sin embargo, para comprender la magnitud de aquella ruptura hay que retroceder aún más. Es imposible ignorar que cuando Danilo Medina alcanzó la Presidencia de la República en 2012, agradeció públicamente a Leonel Fernández el respaldo recibido para lograr la victoria electoral. En aquel momento se proyectaba una imagen de unidad, continuidad y cooperación política. Lo que pocos imaginaban era que años después esa relación terminaría convertida en una de las confrontaciones más profundas de la historia política moderna dominicana.

Para muchos observadores, incluyendo a quien escribe, existe una contradicción evidente entre aquel reconocimiento público y los acontecimientos que posteriormente desembocaron en la división del partido. Lo que en un momento fue cooperación estratégica terminó transformándose en una lucha por el control absoluto del poder político.

Lo que vino después fue aún más revelador. Mientras muchos apostaban al fracaso de la nueva organización, esta comenzó un crecimiento constante, silencioso y sostenido. Dirigentes, alcaldes, legisladores y miles de militantes abandonaron las filas peledeístas para sumarse al proyecto político encabezado por Leonel Fernández.

Es precisamente ahí donde surge la gran pregunta política de nuestro tiempo: ¿quién se beneficia debilitando el crecimiento de la Fuerza del Pueblo?

Nuestra conclusión es.

El Lic. Danilo Medina necesita evitar que el PLD continúe desangrándose. Cada dirigente que abandona esa organización para integrarse a la Fuerza del Pueblo representa una reducción de su influencia política. Mantener vivo al PLD se convierte, por tanto, en una necesidad de supervivencia para el liderazgo que aún controla esa estructura.

Pero también el oficialismo tiene incentivos para evitar una consolidación definitiva de la oposición alrededor de Leonel Fernández. Toda estrategia política racional busca enfrentar una oposición fragmentada antes que una oposición unificada. Mientras existan múltiples polos compitiendo entre sí, las posibilidades de permanencia en el poder aumentan considerablemente.

Por ello observamos con escepticismo cada movimiento que altera el tablero político nacional. No porque crea en conspiraciones simplistas, sino porque la historia demuestra que los grandes actores políticos rara vez actúan sin calcular sus beneficios.

Las preguntas que nadie quiere responder

En política, las coincidencias suelen generar más preguntas que respuestas. Por eso, tras él no ha lugar otorgado a Gonzalo Castillo, comenzaron a circular múltiples interpretaciones en programas de opinión, espacios de análisis político y conversaciones cotidianas entre dirigentes y ciudadanos.

Una de las más comentadas sostiene que el principal beneficiario político de esa decisión no sería necesariamente Gonzalo Castillo, sino el Lic. Danilo Medina. La lógica detrás de esa tesis es sencilla, un Gonzalo rehabilitado políticamente devuelve al danilismo una figura de confianza y, al mismo tiempo, proyecta la idea de que el PLD todavía conserva posibilidades reales de recuperación electoral.

Otros observadores van más lejos y plantean una interrogante que merece reflexión: ¿a quién beneficia más un PLD debilitado pero vivo, que un PLD colapsado y absorbido por la Fuerza del Pueblo?

La pregunta resulta pertinente porque durante los últimos años numerosos dirigentes peledeístas han abandonado su organización para integrarse al proyecto político de Leonel Fernández. Si esa tendencia continúa acelerándose, la Fuerza del Pueblo podría consolidarse aún más como principal fuerza opositora del país.

No afirmamos que exista una coordinación entre sectores políticos para producir ese resultado. Lo que sí es que los efectos políticos de ciertos acontecimientos terminan favoreciendo a actores específicos, y eso obliga a formular preguntas incómodas.

Si algo ha demostrado la política dominicana es que las decisiones judiciales, los movimientos partidarios y las narrativas mediáticas suelen tener consecuencias políticas que trascienden los tribunales, los partidos y los titulares de prensa.

El factor Omar Fernández

Otro fenómeno interesante es el esfuerzo constante por instalar en el debate público la idea de que el senador Omar Fernández posee mayores posibilidades electorales que su propio padre.

Desde hace meses, encuestas, comentaristas y analistas repiten la narrativa de una supuesta preferencia del electorado por Omar Fernández sobre Leonel Fernández.

Sin embargo, existe un detalle que rara vez recibe la misma cobertura mediática, el propio Omar Fernández ha declarado públicamente que el candidato presidencial de la Fuerza del Pueblo para el 2028 es el Dr. Leonel Fernández y que uno de sus mayores sueños es ver a su padre nuevamente ocupar la Presidencia de la República.

Entonces surge una interrogante legítima, ¿por qué insistir permanentemente en una supuesta competencia entre padre e hijo cuando ambos han expresado públicamente que no existe tal confrontación?

Algunos interpretan esa narrativa como un intento de sembrar dudas dentro de la propia Fuerza del Pueblo, generar expectativas de relevo prematuro o provocar contradicciones internas donde aparentemente no existen.

Cada lector podrá sacar sus propias conclusiones.

Lo cierto es que cuando una figura política comienza a crecer de manera consistente, no solamente enfrenta adversarios electorales; también enfrenta narrativas diseñadas para fragmentar apoyos, dividir simpatías o generar incertidumbre sobre su futuro político.

El dilema del PLD y el riesgo de una nueva fractura.

Existe además otro tema que merece atención.

Durante más de dos años varios dirigentes del PLD han recorrido el país construyendo proyectos presidenciales, visitando provincias, reuniéndose con dirigentes de base y promoviendo sus aspiraciones para las elecciones de 2028.

Entre ellos figuran figuras con décadas de militancia y trabajo partidario. Han invertido tiempo, recursos, esfuerzos y capital político con la expectativa legítima de competir en igualdad de condiciones por la candidatura presidencial.

La pregunta es inevitable: ¿cómo reaccionarían esos sectores si, llegado el momento de la decisión, se produjera una nueva imposición desde la cúpula partidaria?

La experiencia de 2019 sigue fresca en la memoria de muchos dirigentes perredeístas.

Si Gonzalo Castillo resultare nuevamente favorecido mediante mecanismos percibidos como impuestos, podría abrirse un nuevo ciclo de tensiones internas. Algunos podrían aceptar la decisión; otros podrían interpretarla como una repetición de errores del pasado.

Y cuando una organización política ya ha sufrido una gran división, el margen para soportar nuevas fracturas suele ser mucho menor.

Más aún, resulta difícil imaginar que dirigentes que llevan años recorriendo el país acepten sin cuestionamientos que una candidatura sea colocada nuevamente desde arriba, especialmente cuando la organización aún carga con las consecuencias políticas de decisiones similares adoptadas en el pasado.

Por eso, más que la candidatura de Gonzalo Castillo, la verdadera prueba de fuego para el PLD será demostrar que aprendió las lecciones de su propia historia.

Porque los partidos rara vez desaparecen por los ataques de sus adversarios; generalmente comienzan a desaparecer cuando dejan de escuchar a sus propias bases.

La verdadera batalla del 2028

Lo cierto es que, independientemente de las maniobras que puedan producirse, existe una realidad difícil de ignorar, Leonel Fernández continúa siendo una de las figuras políticas más influyentes de la República Dominicana. Tras abandonar el partido que ayudó a construir, logró levantar una nueva organización política con presencia nacional, capacidad electoral y perspectivas de crecimiento.

Esa realidad explica por qué genera adhesiones, pero también por qué genera resistencias.

Cuando un liderazgo deja de representar una amenaza, deja de recibir ataques. Cuando un liderazgo concentra esfuerzos para desacreditarlo, aislarlo o limitar su crecimiento, generalmente es porque continúa siendo competitivo.

La política dominicana se encamina hacia un nuevo ciclo electoral. Y aunque faltan años para las elecciones de 2028, las piezas ya comenzaron a moverse. Algunos intentarán preservar cuotas de poder. Otros intentarán recuperarlas. Otros buscarán impedir el ascenso de sus adversarios.

Nuestra lectura es que el principal objetivo político de muchos sectores hoy no es derrotar a Leonel Fernández en las urnas, sino impedir que llegue a ellas con la fuerza suficiente para convertirse en una opción irresistible para el electorado dominicano.

El tiempo dirá quién tiene razón.

Pero si algo ha demostrado la historia política reciente es que los pueblos terminan descubriendo quién actuó por convicción y quién actuó por conveniencia; quién defendió principios y quién defendió posiciones de poder.

Y cuando eso ocurre, ninguna estrategia, ninguna narrativa y ninguna estructura política son eternas. Porque al final, más allá de los partidos, los gobiernos y las coyunturas, es el pueblo quien tiene la última palabra.

Por Francisco Ventura de León

 

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