Cuando cualquier ciudadano preocupado por la enorme cantidad de obstáculos en las aceras de las ciudades dominicanas acude al sitio web del Instituto Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre (INTRANT), encontrará diferentes programas tendentes a favorecer el tránsito en las vías, a parquearse debidamente, o en cumplimiento de la Ley 63-17.
La ley en cuestión, establece dentro de otras regulaciones, la obligación de conductores y de peatones de respetar las señales de tránsito , de cruzar las calles y avenidas siguiendo las orientaciones exhibidas, y como un chiste de mal gusto, esa ley establece en el artículo 237 como primera limitación el parquearse o detener vehículos encima de las aceras.
Sin embargo, intentar caminar en las aceras es vivir en carne propia la pesadilla de incontables estorbos e impedimentos que constituyen flagrante violaciones a esos postulados legales y además colocan a los peatones en riesgo para su seguridad física y hasta para su vida.
Carros atravesados en el medio de las aceras, comercios y tarantines que ocupan sin miramiento el espacio peatonal, mecánicos y vendedores de vehículos que reparan o venden sobre las aceras, negocios de chucherías y mercancías desparramadas en las aceras, motoristas y mensajeros a toda velocidad sobre las aceras ,entre otros estorbos que impiden el libre paso del peatón.
Y lo peor del dilema, es que nadie escucha los reclamos para que se respete la ley, manteniendo las aceras accesibles a los peatones y las autoridades de los ayuntamientos carecen de la firme determinación para enfrentar los múltiples peligros y obstáculos a los que se exponen cada día los ciudadanos simplemente por el hecho de querer caminar por donde la ley establece.
Cosas de nuestro país.



