El cambio del Ministerio de Salud Pública en torno a extender hasta el lunes 21 de febrero el plazo para presentar la tarjeta de vacuna con la tercera dosis obligatoria en los mayores de 18 años, es una medida atinada que sintoniza con la realidad impuesta por las circunstancias.
En las condiciones actuales, imponer de la noche a la mañana esa obligatoriedad para poder acceder a lugares públicos y empresas privadas iba a crear situaciones de confrontaciones inevitables con agentes del orden y empleados de empresas de seguridad privadas que intentaran aplicar la previa resolución del Ministerio.
Somos fervientes partidarios de la tercera dosis de vacunación por ser la vía para vencer al coronavirus, pero es evidente que una parte importante de la población mundial y local alienada por las desinformaciones y falsedades diseminadas en algunos medios, se muestra todavía reticente a obedecer los mandatos médicos, lo cual ha producido violentos enfrentamientos con las autoridades globalmente.
Es importante intensificar la campaña educativa para motivar en estos días a quienes no han cumplido con el esquema completo de vacunación, pues un gran segmento poblacional, originalmente vacunado con la primera dosis, todavía no acude para la segunda, y esa situación limita a esos ciudadanos para la tercera, mientras otros ni siquiera tienen la primera vacuna.
La prórroga de la medida, también le ofrece a Salud Pública un tiempo extra para determinar hacia donde evoluciona la nueva ola de contagio ocasionada por la variante Omicrón, pues la continua observación y estudio de las estadísticas diarias, reflejará la gravedad mostrada por los infectados con esa variante, y entonces modificar la estrategia de acuerdo a esas circunstancias.



