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Hablemos del crecimiento

Sin temor a equivocarme, puedo decir que el crecimiento es uno de los
temas que más me apasionan y con los que más me identifico. Quienes
me conocen saben cuánto insisto en la preparación: invertir en nuestro
crecimiento no es un gasto; es una de las decisiones más valiosas que
podemos tomar para mejorar nuestra calidad de vida, nuestras relaciones
y nuestra manera de liderar.

Hablo de liderazgo no solo como la capacidad de guiar a otros,
sino también como la responsabilidad de conducir nuestra propia vida.

Crecer requiere intención, tiempo, disciplina y, muchas veces, renunciar
a la comodidad de hacer siempre lo mismo. No ocurre por cumplir años,
acumular títulos o asistir a conferencias.  Ocurre cuando lo que
aprendemos empieza a reflejarse en nuestras decisiones y conductas.

Esa inversión puede tomar muchas formas: leer con sentido crítico,
buscar orientación, desarrollar habilidades, escuchar una opinión
diferente o practicar aquello que todavía nos cuesta. No siempre exige
dinero, pero sí disposición.  Tampoco se trata de coleccionar cursos:
aprender mucho sin llevar nada a la práctica puede darnos la sensación de avanzar mientras permanecemos en el mismo lugar.

Sin embargo, hay algo que necesitamos comprender: el crecimiento
no siempre se siente como crecer.

A veces se parece a perder, a soltar, a dudar. A reconocer que un camino
ya no nos representa o que una conducta que antes justificábamos hoy
necesita cambiar. Ese proceso puede resultar incómodo: porque nos
obliga a cuestionar certezas, aceptar errores y despedirnos de versiones
nuestras que ya no queremos repetir.

Por eso, no debemos confundir crecimiento con una vida libre de dificultades.
He acompañado a personas que creen estar estancadas porque todavía sienten miedo, tristeza o cansancio. Pero crecer no significa dejar de experimentar emociones difíciles; significa aprender a reconocerlas, regularlas y actuar con mayor conciencia,aun cuando estén presentes.

Y no todo avance es visible. Hay quien está creciendo cuando aprende a poner un límite sin culpa, pide ayuda por primera vez, deja de responder con agresividad o se atreve a decir: «Me equivoqué». Puede que nadie lo aplauda, pero esas transformaciones importan.

Admiro especialmente a los jóvenes que se comprometen con su desarrollo.
Creo en su potencial, pero me entusiasma todavía más verlos asumir la responsabilidad de prepararse, aprender de sus tropiezos y perseverar.
El futuro no se construye solamente con entusiasmo: también necesita
carácter y acciones sostenidas.

John C. Maxwell ha sido una referencia importante en mi formación,y de su enfoque rescato una convicción: el crecimiento debe cultivarse de manera intencional. No basta con desearlo; hay que reservarle tiempo y convertirlo en práctica.

En mi lenguaje cotidiano suelo decir que quien está verdaderamente ocupado trabajando en sí mismo tiene menos tiempo para entrometerse en la vida ajena. No porque deje de interesarse por los demás, sino porque comprende que su energía merece dirección: aprender, revisar sus hábitos, fortalecer sus vínculos y aportar desde lo que va construyendo.

Ahora bien, crecer no es una carrera contra otros ni una exigencia de superarnos a toda hora. También implica saber descansar, reconocer nuestros límites y detenernos a evaluar si estamos avanzando hacia una vida más coherente con nuestros valores.  La pausa también forma parte del camino. Como nos recuerda John C. Maxwell en su libro Las 15 leyes indispensables del crecimiento, hacer una pausa permite que el crecimiento nos alcance.

Hoy te invito a realizar un ejercicio sencillo: elige un área de tu vida que quieras fortalecer. Pregúntate qué necesitas aprender, qué hábito debes revisar y cuál será una acción concreta que puedas comenzar esta semana. No esperes a tener todo resuelto.

Y, sobre todo, reconoce lo que ya has transformado, aunque todavía
tengas mucho por recorrer.

Crecer  no es convertirnos en personas perfectas. Es comprometernos,
una y otra vez, con una vida más consciente, auténtica y responsable.

¿En qué parte de tu vida estás creciendo, aunque todavía no lo notes?

 

Nathalie Tejada

Mentora en Desarrollo Humano

Fundadora de Psicopaz

Para más contenido como este,

sígueme en: @Psicopaz.nt. @nathalietejadam

 

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