PETERSBURG — El equipo del mercado más pequeño de MLB. El equipo que tantas veces fue lo suficientemente bueno para competir, pero terminó cayendo ante rivales de mayor poderío. El equipo que ha visto desfilar a sus estrellas mediante múltiples cambios, siempre perfeccionando, renovando y reforzando su roster con talento adquirido de manera astuta. El equipo que le dio una oportunidad a un dirigente de más de 60 años, cuya única experiencia al mando en Grandes Ligas había sido como interino, y lo vio construir una cultura de cariño y risas.
Ese es el equipo que ganó la Serie Mundial del 2026. Y estos Cerveceros, que acaban de conquistar el primer título en la historia de la franquicia y le dieron a Milwaukee su primer campeón de béisbol desde los Bravos de 1957, fueron un verdadero equipo en todo el sentido de la palabra.
Nadie daba a los Cerveceros de Milwaukee como favoritos antes de la temporada y casi nadie apostaba por ellos en octubre, porque parecía que siempre había equipos con más estrellas interponiéndose en su camino hacia la gloria.
Pero este año fue diferente. Esta vez, nada pudo detener a unos Cerveceros que se impusieron 4-1 sobre los Rays de Tampa Bay en el Juego 5 del Clásico de Otoño, la noche del miércoles en el Tropicana Field, de la misma manera en que ganaron tantos otros encuentros: superando a su rival con disciplina y una precisión letal, encontrando huecos, espacios y debilidades para aprovecharlos una y otra vez.
“Pienso en la ciudad de Milwaukee, en el estado de Wisconsin”, expresó el dirigente Pat Murphy. “Sin duda, ellos nos impulsaron a seguir adelante. Este grupo de jugadores, este equipo del 2026, será recordado para siempre. Se lo merecen, porque fueron un verdadero equipo, y no podría estar más agradecido ni más orgulloso de ser parte de los Cerveceros de Milwaukee”.
Respaldados por 5.2 innings en blanco de su joven estrella Jacob Misiorowski, favorito para ganar el Premio Cy Young, y su habitual ofensiva basada en ataques oportunos, los Cerveceros tomaron ventaja temprano y nunca miraron atrás. Así dejaron atrás de manera contundente la pesadilla del Juego 4, cuando una derrota en el 12do inning frustró la celebración con champaña que parecía destinada a producirse en la madrugada de ese día. Al final, aquel doloroso tropiezo quedó reducido a una simple nota al pie de su gloriosa historia de octubre.
“Lo sé”, dijo Misiorowski. “En Milwaukee están enloquecidos de alegría”.



