El hallazgo de 4 mujeres decapitadas en la frontera entre Haití y la República Dominicana, crea complejas interrogantes de seguridad para ambos países, pero principalmente para nosotros porque no es usual en esta parte de la isla ni la forma ni el grado abominable de violencia utilizado para matar a las féminas en cuestión.
Las especulaciones sobre las motivaciones y el lugar exacto en que se produjeron las espantosas muertes se multiplican sin parar, se dice que las 4 habían sido deportadas desde Puerto Rico en meses recientes, en la que se alega eran víctimas de traficantes de personas a los cuales les debían dinero, que murieron en ritos de Vudú o que habían sido secuestradas para exigir dinero a sus familiares en Estados Unidos, pero al no pagarse el rescate, fueron ejecutadas.
Al encontrar los cuerpos inermes en el río Caña, localizado en la línea divisoria entre Haití y la República Dominicana, el impacto mediático se esparció en ambos países, pero dadas las limitaciones en todos los órdenes de la policía haitiana, es necesario que la policía dominicana haga esfuerzo para junto a las autoridades haitianas, determinar las causas, el lugar y los responsables del hecho
Lo decimos, porque si como comienza a evidenciarse, las pandillas haitianas están detrás de esas horribles muertes, entonces eso quiere decir que ya las peligrosas bandas han extendido su accionar fuera de Puerto Príncipe y han acercado sus operaciones delictivas a la zona fronteriza, por lo que sería cuestión de tiempo que esos secuestros afecten a ciudadanos dominicanos en esa franja.
Hasta ahora, las fechorías en la frontera giran en torno al robo de ganado, vehículos y el contrabando como casos aislados, pero si ya el nivel organizativo y la violencia operativa de las bandas alcanzaron la línea fronteriza y no se enfrenta con determinación ahora, ninguna familia dominicana en la frontera estará a salvo. Y la advertencia de las pandillas no puede ser más clara que cuatro mujeres decapitadas.



