La inmensa popularidad de las redes sociales abre las puertas para que cualquier persona poseedora de una cuenta, en el afán de obtener visitas o comentarios en esas plataformas, utilicen cualquier medio por la efímera popularidad que proporcionan las llamadas publicaciones «virales».
En ese tenor, muchos dominicanos al igual que en otras partes del mundo, hacen un uso irresponsable del derecho a la libre expresión, no sólo para difamar e injuriar a personas a quienes ni siquiera conocen en persona, sino que se convierten en loro, repitiendo lo que escuchan sin tener pruebas que sustente sus palabras, cayendo en la desinformación y, reconociendo que no están en capacidad para robustecer sus expresiones, entonces, hostigan, desacreditan y hasta amenazan de muerte a diestra y siniestra.
El mejor ejemplo de ello es, el presidente Luis Abinader y otras personas sobresalientes en el ámbito político o socioeconómico de la vida nacional, tienden a llamar la atención de jóvenes ansiosos de obtener sus 15 minutos de gloria, utilizando para esos fines actos que van desde lanzarle excrementos al helicóptero presidencial, hasta proferirle injurias soeces y más peligrosamente, amenazas de muerte.
Recordemos el caso de Dennys García en el Seibo, o a Joneyvi Sánchez en el sector de Los Mina, quien aseguró en un video tener «sicarios» listos para asesinar al gobernante, o en días pasados un joven de 17 años en Villa Vásquez, profiriendo obscenidades impublicables contra el Mandatario.
Los derechos y libertades no incluyen la promoción del consumo y venta de drogas, «canciones» obscenas, inducir menores al sexo, a transgredir la ley de armas, desacreditar reputaciones o llamar a matar personas y así sucesivamente, por lo que en algún momento la sociedad dominicana ha de trazar una línea divisoria entre el ejercicio de libertades ciudadanas y el profuso libertinaje existente en las redes sociales.



