Vivimos en un país en donde a veces las ejecutorias u obras realizadas por un gobierno por el cual no se simpatiza son sometidas a críticas y demonizaciones feroces, mas por la reprobación al mandatario de turno que por un análisis desapasionado de la utilidad presente o futura de las mismas.
Ese fue el caso , cuando en diciembre del 1969 Joaquín Balaguer promulgó la ley 526 creando el Instituto de Estabilización de Precios (INESPRE), en una coyuntura de inestabilidad económica, indetenibles subidas en los precios de la canasta familiar, acaparamiento, especulación, quiebras de productores agrícolas y desesperación popular.
El panorama económico de las grandes mayorías dominicanas transita un sendero similar al descrito anteriormente, con el agravante de que una vez el actual presidente Luis Abinader ya no pueda seguir subvencionando el costo de los combustibles y la guerra Rusia-Ucrania permanezca, los demonios de la carrera alcista en bienes y servicios serán liberados con consecuencias impredecibles.
Es en ese contexto, donde los pobres valoran y requieren la existencia del INESPRE, pues sin esa entidad miles de familias no tendrían posibilidades de probar bocado durante días, ya que el elevado costo de la vida y la disminución del salario real van incrementando la pobreza ciudadana, como están confirmando organismos locales e internacionales.
Este es el momento de recapitalizar y ampliar los mercados populares del INESPRE, es la oportunidad de intensificar las compras directas a los productores afectados por la ley tasa Cero, es la ocasión propicia para reducir hasta donde sea posible los precios de los productos que se expenden en las ferias y es la coyuntura precisa para que el gobierno utilice al INESPRE a plenitud.
Además, aunque a veces la mezquindad tan de moda no permita observar más allá de intereses o beneficios propios, es justo reconocer objetivamente los esfuerzos de la actual gestión en el INESPRE, que debe motivar una revalorización y mayor apoyo financiero gubernamental para esa institución, tan necesaria para el pueblo.



