Una de las enseñanzas aprendidas con el cierre aéreo, terrestre y marítimo con Haití, gira en torno a las debilidades que muestra la actividad económica en las provincias fronterizas con alta dependencia en el comercio con los habitantes del otro lado de la isla y además muestra el impacto innegable de los trabajadores haitianos en la agricultura y en las labores de construcción.
A partir de esas lecciones, el anuncio del presidente Abinader de que el Banco de Desarrollo y Exportaciones (BANDEX) dispone de 3,000 millones de pesos para iniciar un programa de préstamos a los sectores de la construcción y la agricultura con la finalidad de implementar la sustitución de mano de obra extranjera en esos renglones, va en la dirección acertada.
La mecanización de esas actividades tendrá sus bemoles, porque algunos constructores y agricultores dominicanos siempre buscarán obtener mano de obra barata, a los cuales no les ofrecen seguros médicos, prestaciones laborales, ni seguridad social, para así obtener mayores beneficios, sin importarles el código laboral, ni cosa por el estilo.
Pero otros integrantes de esos dos sectores comenzarán el proceso e irán prescindiendo de los haitianos, para no utilizarlos de manera masiva como ocurre en estos momentos, además, es importante que tanto el Ministerio de Trabajo como la Dirección General de Migración realicen inspecciones constantes sobre el terreno para verificar el cumplimiento de la ley.
Los préstamos del BANDEX a un 9.5% con una gracia de 6 meses servirán para comenzar a comprar equipamientos y maquinarias, que poco a poco irán integrándose a las labores en esos dos puntos neurálgicos de la economía. Posteriormente, se debe abordar otros sectores como el de los hoteles turísticos y el transporte, donde indocumentados haitianos ocupan importantes espacios. ¡Mano a la obra!



