Como si no fueran suficientes, los persistentes incendios forestales en parques nacionales, la extracción ilegal de materiales de las cuencas de los ríos, la barcaza de generación eléctrica alegadamente ubicada en una zona protegida de Azua, y el cúmulo de sargazo en las playas, ahora el Ministro de Medio Ambiente y Recursos Naturales Miguel Ceara Hatton, se ha colocado en el centro de una «tormenta perfecta».
Durante una entrevista televisiva, el economista nombrado en Medio Ambiente como sustituto del asesinado Orlando Jorge Mera, reveló que desvinculó a unas 600 personas «que cobraban sin trabajar», mientras agregaba que un reconocido periodista manejaba una «nómina» de más de un millón de pesos mensuales.
Esas declaraciones produjeron un alud de opiniones a favor y en contra, ubicando de inmediato al gobierno del presidente Abinader en una encrucijada políticamente delicada, pues les ofrece municiones a una oposición ansiosa por descarrilar la narrativa de transparencia y anticorrupción en la campaña reeleccionista del mandatario.
Abinader está contra la pared, pues si destituye a Ceara Hatton entonces la oposición dirá que lo hizo por presiones de los dirigentes del Partido Revolucionario Moderno, (PRM), que son corruptos y favorecen «las botellas» en el Estado, pero si lo mantiene corre el riesgo de que Hatton realice nuevas declaraciones que lesionen más su principal discurso electoral.
Una posible salida o «bajadero» para aminorar la turbulencia sería la renuncia del Ministro, pero aún en ese escenario, nada garantiza que una vez fuera del tren gubernamental, Ceara Hatton, dolido por los virulentos ataques perremeistas prosiga publicando informaciones dañinas al gobierno, que quizás no haría si le dejan permanecer en el cargo.
Abinader esta maniatado, pues será «palo si bogas y palo si no bogas», y Miguel Ceara es catalogado como héroe o villano, de acuerdo a la parcela de los intereses en pugna.



