Una vez más, el pueblo venezolano habló con claridad a través del único mecanismo legítimo y democrático que tiene para expresarse: el voto. En las pasadas elecciones presidenciales, la mayoría del país depositó su esperanza en un cambio, eligiendo de forma contundente a Edmundo González Urrutia como presidente de la República. Sin embargo, en lugar de respetar esa voluntad popular, fuimos testigos de una maniobra inaceptable por parte del régimen de Nicolás Maduro y el Consejo Nacional Electoral (CNE), que pretende desconocer lo que ya es evidente para todos: el pueblo eligió y su decisión debe ser respetada.
Es indignante y profundamente preocupante que en pleno siglo XXI se siga recurriendo a la manipulación institucional y al abuso de poder para aferrarse a un gobierno que ha demostrado, una y otra vez, estar de espaldas a las necesidades y anhelos de su gente. El intento de desconocer los resultados electorales no solo es un atropello a la democracia, sino un acto de cobardía frente a un país que exige dignidad, justicia y libertad.
El voto es sagrado. Es la expresión más directa de la soberanía popular, y no puede ser pisoteado por intereses individuales o partidistas. Venezuela ya eligió, y ese resultado debe cumplirse sin excusas, sin retrasos y sin manipulaciones. No se puede construir futuro negando la verdad ni silenciando la voz del pueblo.
Por eso, estoy absolutamente de acuerdo en que se utilice cualquier mecanismo o medio necesario, así como la intervención de cualquier organismo nacional o internacional, para deponer al usurpador Nicolás Maduro y a la cúpula militar que lo sostiene, aun cuando han demostrado estar dispuestos a quitarle la vida a sus propios conciudadanos con tal de mantenerse en el poder. No hay dictadura que se sostenga por encima de la sangre inocente.
Hoy más que nunca, es momento de levantar la voz con firmeza y convicción. Defender el triunfo de González Urrutia no es solo respaldar a un líder político; es defender el derecho de cada venezolano a decidir su destino. La transición democrática debe ser pacífica, ordenada y, sobre todo, legítima. Ya basta de burlarse de un pueblo que lo ha dado todo por salir adelante.
La historia juzgará a quienes se nieguen a ceder ante la voluntad colectiva del pueblo venezolano. Y nosotros, como personas que procuran la justicia, tenemos la responsabilidad de apoyar al pueblo venezolano y ayudarlos a mantenerse firmes, exigiendo lo que por derecho les pertenece: un país libre, justo y verdaderamente democrático.
Autor: Lic. Francisco Ventura de León.
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