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Hablemos de reaccionar o responder

¿Cuántas veces hemos dicho algo en un momento de enojo y, cuando recuperamos la calma, deseamos no haberlo dicho? ¿Cuántas relaciones se han lastimado por una palabra impulsiva, una interpretación equivocada o una respuesta que llegó antes que la reflexión?

A veces basta una crítica, un desacuerdo, una mirada o una palabra que nos incomoda para que nuestras emociones tomen el control de nuestro comportamiento.

Y es que sentir es inevitable, pero actuar impulsivamente ante todo lo que sentimos no tiene por qué serlo.

Reaccionar y responder no son lo mismo.

Reaccionar, suele ser una conducta inmediata, impulsada por la emoción del momento.

Responder, en cambio, implica detenernos, reconocer lo que estamos sintiendo y elegir conscientemente cómo actuar.

Desde la psicología cognitivo-conductual comprendemos que no son únicamente los acontecimientos los que influyen en nuestras emociones y conductas, sino también la interpretación que hacemos de ellos.

Por ejemplo, alguien no responde nuestro mensaje y de inmediato pensamos: «Me está ignorando». Ese pensamiento puede despertar enojo, tristeza o rechazo y llevarnos a actuar desde una conclusión que quizás ni siquiera sea cierta.

¿Cuántos conflictos podríamos evitar si antes de reaccionar nos atreviéramos a preguntar, escuchar o considerar otra interpretación?

Sin embargo, aprender a responder no significa reprimir nuestras emociones, guardar silencio ante una injusticia ni permitir que otros traspasen nuestros límites.

La madurez emocional no consiste en dejar de sentir, sino en aprender a expresar lo que sentimos sin perder el respeto por nosotros mismos ni por los demás.

Podemos estar en desacuerdo sin agredir. Podemos sentir enojo sin lastimar. Podemos establecer límites sin humillar. Y también podemos reconocer que nos equivocamos sin que eso disminuya nuestra valía.

Pero para lograrlo necesitamos desarrollar una habilidad fundamental: la autorregulación emocional.

Esto implica identificar nuestras emociones, reconocer los pensamientos que las acompañan y comprender cómo influyen en nuestras decisiones.

Y aquí aparece un elemento que muchas veces pasamos por alto: no siempre reaccionamos solamente a lo que está ocurriendo frente a nosotros. En ocasiones, nuestras respuestas están influenciadas por experiencias pasadas, heridas emocionales, temores o creencias que hemos construido a lo largo de la vida.

Por eso, conocernos es tan importante. Porque cuando no reconocemos lo que nos activa emocionalmente, corremos el riesgo de repetir comportamientos que terminan afectando nuestra paz y nuestras relaciones.

No somos responsables de todo lo que nos sucede, pero sí tenemos la responsabilidad de trabajar en la manera en que respondemos.

Y no, esto no significa que siempre lo lograremos. Habrá momentos en los que reaccionaremos impulsivamente. Somos humanos. Lo importante es reconocerlo, asumir las consecuencias, reparar cuando sea necesario y continuar aprendiendo.

Responder conscientemente es una práctica que se construye día a día.

La próxima vez que una situación despierte en ti una emoción intensa, antes de actuar, haz una pausa y pregúntate:

¿Qué estoy sintiendo realmente? ¿Qué estoy pensando sobre lo ocurrido? ¿Tengo toda la información o estoy suponiendo? ¿Lo que estoy a punto de decir ayudará a resolver la situación o solamente aumentará el conflicto?

A veces, unos segundos de reflexión pueden evitar días de distanciamiento, palabras dolorosas y arrepentimientos innecesarios.

No podemos controlar cada situación que enfrentamos, pero podemos aprender a elegir cómo queremos participar en ella.

Hoy quiero invitarte a un ejercicio: identifica una situación en la que sueles reaccionar impulsivamente y comprométete a responder de una manera diferente la próxima vez.

Porque la madurez emocional no se demuestra únicamente en lo que sabemos, sino en lo que somos capaces de transformar en nuestra conducta.

Y ahora te pregunto:

¿Estás respondiendo a la vida desde la conciencia o simplemente reaccionando desde tus emociones?

Recuerda: entre lo que sucede y lo que decides hacer, puedes aprender a construir un espacio para elegir.

Y muchas veces, es precisamente en ese espacio donde comienza nuestra transformación.

Por Nathalie Tejada

Mentora en Desarrollo Humano

Fundadora de Psicopaz

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