¿Cuántos de ustedes han escuchado a alguien decir: “Yo perdoné, pero no olvido”?
O quizás hemos sido nosotros mismos quienes lo hemos dicho alguna vez.
Otros aseguran que ya perdonaron, pero basta mencionar aquel nombre, recordar aquella conversación o volver a aquel momento para sentir que algo se mueve por dentro como si hubiera ocurrido ayer.
Y también están quienes no quieren ni escuchar la palabra perdón porque sienten que perdonar sería minimizar lo que vivieron.
Quizás por eso necesitamos comenzar aclarando algo:
Perdonar no es decir que estuvo bien.
No es olvidar lo que pasó, justificar a quien te hizo daño, reconciliarte a la fuerza ni volver a abrir una puerta que necesitaste cerrar.
Mucho menos significa permitir que vuelvan a lastimarte.
Todos queremos experimentar esa sensación liberadora de la que tanto escuchamos hablar cuando se habla del perdón. Sin embargo, a veces se nos hace difícil porque miramos la historia únicamente desde el lugar de lo que nos hicieron.
Y quizás también necesitamos atrevernos a mirar algo menos cómodo: así como nos han herido, nosotros también hemos herido.
Esto no minimiza lo que vivimos ni coloca todas las faltas en el mismo nivel. Pero reconocer nuestra propia humanidad puede ayudarnos a quitarle magnitud a algunas historias, a mirar con otros ojos y, quizás, a cargar un poco menos.
El perdón tiene mucho más que ver contigo que con la persona que te hirió.
Hay situaciones que terminan, personas que se van y conversaciones que nunca vuelven a producirse, pero podemos continuar durante años llevando por dentro lo que ocurrió.
Seguimos repasando la escena, pensando en lo que debimos haber dicho, preguntándonos por qué lo hicieron o esperando la disculpa que nunca llegó.
Y sin darnos cuenta, aquello que ocurrió una vez continúa ocupando espacio en nuestra vida muchos años después.
Eso también pesa.
He visto familias, amigos cercanos y pacientes que han cargado resentimientos durante años, incluso décadas. Y muchas veces el dolor ya no está solamente relacionado con lo que ocurrió, sino con todo lo que han seguido sosteniendo emocionalmente desde entonces.
Por eso perdonar no cambia el pasado.
Cambia la relación que tenemos con ese pasado.
Es aceptar que quizás nunca recibiremos la explicación que esperábamos, que tal vez la otra persona jamás reconocerá el daño que causó y que algunas historias no tendrán el cierre que imaginamos, y aun así decidir que nuestra paz no puede seguir dependiendo de que ese momento llegue.
Hay algo más que también necesitamos aprender: perdonarnos a nosotros mismos.
A veces somos mucho más duros con nosotros que con quien nos hizo daño.
¿Cómo no me di cuenta?
¿Por qué permití tanto?
¿Por qué me quedé?
¿Cómo pude tomar aquella decisión?
Pero juzgar con lo que sabes hoy a la persona que eras entonces también puede ser profundamente injusto.
Tomaste decisiones con las herramientas, los miedos, las necesidades y el nivel de conciencia que tenías en aquel momento.
Eso no significa negar tu responsabilidad cuando la hubo. Significa dejar de condenarte eternamente por una versión de ti que también estaba aprendiendo.
Y no, perdonar no siempre significa volver.
Puedes perdonar y mantener un límite.
Puedes perdonar y decidir no reconstruir una relación.
Puedes perdonar desde lejos.
Porque perdonar y reconciliarse no son la misma cosa.
Quizás el verdadero desafío del perdón está precisamente ahí: en dejar de esperar que algo afuera cambie para comenzar a liberar algo dentro de nosotros.
No ocurre de un día para otro.
Hay heridas que necesitan tiempo, ser miradas, comprendidas y trabajadas antes de poder soltarlas. Y hay días en los que creemos haber avanzado mucho y un recuerdo nos demuestra que todavía queda algo por sanar.
También eso forma parte del proceso.
Por eso hoy no quiero preguntarte simplemente si has perdonado.
Quiero dejarte una pregunta diferente:
¿Qué sigo cargando hoy por algo que ocurrió hace mucho tiempo?
Quizás no puedas soltarlo todo de una vez.
Pero puedes comenzar a decidir cuánto espacio quieres seguir dándole en tu vida.
Porque el pasado ya ocurrió.
Lo que todavía puedes decidir es cuánto de tu presente seguirá ocupando.
Nathalie Tejada
Mentora en Desarrollo Humano
Fundadora de Psicopaz
Para más contenido como este,
sígueme en: @Psicopaz.nt · @nathalietejadam



