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Hablemos de Autocuidado

El autocuidado no es egoísmo.

Tampoco es un premio que recibes solo cuando “te portas bien”.

El autocuidado es una forma de respeto.
Es una de las maneras más honestas de decirte:

“Yo también importo.”

Y cuando hablamos de autocuidado, hablamos de cuidarnos de manera integral.

De atender nuestra dimensión física, mental, emocional y espiritual.

Porque no basta con cuidar el cuerpo si descuidamos nuestra mente.
No basta con descansar si emocionalmente estamos desbordados.
Y tampoco basta con atender lo externo si hemos olvidado aquello que alimenta nuestro mundo interior.

Autocuidarnos es aprender a escuchar qué necesita cada parte de nosotros y asumir la responsabilidad de atenderla.

Crecimos creyendo que cuidar de los demás es noble, pero que cuidar de nosotros mismos puede ser exagerado.
Nos enseñaron a atender, resolver, sostener, acompañar… pero muy pocas veces nos enseñaron a detenernos y preguntarnos:

“¿Y yo, cómo estoy?”

Sobre todo cuando somos quienes tomamos decisiones, resolvemos problemas y estamos pendientes de todos. Con el tiempo, nuestro entorno puede acostumbrarse a vernos fuertes y asumir que no necesitamos un gesto, una atención o que alguien también nos pregunte cómo estamos.

Y, casi sin darnos cuenta, podemos terminar olvidándonos de una de las personas que también necesita nuestro cuidado: nosotros mismos.

El autocuidado no siempre se ve bonito.

A veces requiere valentía para irte de un lugar donde ya no te sientes bien; aprender a decir “no”, aunque otros no lo entiendan; apagar el teléfono cuando sea necesario; permitirte llorar sin sentirte débil y descansar sin culpa, sin sentir que tienes que justificarlo.

Porque cuidarte también implica tomar decisiones que quizás otros no comprendan, pero que tú sabes que necesitas.

El autocuidado no es solo spa, velas o té caliente.
El autocuidado real va mucho más profundo.
Es dormir cuando tu cuerpo necesita descanso.
Poner límites donde antes guardabas silencio.
Reconocer cuando algo te sobrepasa.
Cuidar los pensamientos con los que alimentas tu mente.
Alejarte de conversaciones y espacios que alteran tu paz.
Darte permiso para necesitar y dejarte acompañar.
Y también hacer espacio para aquello que alimenta tu vida espiritual.

He acompañado a mujeres que se sienten agotadas y ni siquiera saben explicar por qué.
Mujeres que han sido las salvadoras de todo el mundo, menos de ellas mismas.
Y cuando comenzamos a mirar sus historias, muchas descubren que llevan años cargando más de lo que les corresponde.

No porque puedan con todo, sino porque nunca aprendieron que también podían soltar.

El autocuidado es aprender a mirar tu energía como un recurso valioso. También es mirarte con compasión, reconocerte merecedor de cuidado y permitirte no solo cuidarte, sino también ser cuidado.

Tu energía no es infinita.
No se recupera solamente porque tengas fuerza de voluntad.

Necesita atención.
Necesita pausa.
Necesita cuidado.

Porque cuando comienzas a cuidarte, algo cambia.

Tu mente encuentra claridad.
Tu cuerpo puede descansar.
Tus emociones encuentran espacio.
Y tú comienzas a regresar a ti.

Porque autocuidarte también es amarte.

No desde el egoísmo.
No desde la culpa.
Sino desde la responsabilidad de saber que tú también eres alguien a quien te corresponde cuidar.

Y quizás hoy no necesites hacer algo extraordinario.  Solo necesites preguntarte:

¿Qué acto de autocuidado necesito practicar hoy… y por qué sigo dejándolo para mañana?

 

Nathalie Tejada

Mentora en Desarrollo Humano

Fundadora de Psicopaz

Para más contenido como este,

sígueme en: @Psicopaz.nt. @nathalietejadam

 

 

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