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Unificación salarial en la Policía Nacional, una “mejora” que se convirtió en pérdida

La reciente disposición administrativa en la Policía Nacional de unificar el sueldo base de los agentes con el incentivo que reciben por la función que desempeñan, fue aplicada sin antes comunicar a los agentes policiales sobre los efectos de dicha medida. Si bien dicha medida impositiva podría ser presentada institucionalmente como un avance en materia salarial, sin embargo, en la práctica, esta medida ha tenido un efecto contrario al anunciado, golpeando directamente el ingreso disponible de miles de policías y profundizando una realidad que ya era difícil: los bajos salarios y el reducido poder adquisitivo del trabajador dominicano.

Antes de esta medida, los incentivos no formaban parte del salario base, por lo que no estaban sujetos al Impuesto sobre la Renta (ISR). Al unificarse ambas partidas, el monto total mensual aumentó nominalmente, pero este incremento llevó a que miles de agentes cruzaran el umbral salarial a partir del cual se aplica el ISR, deducido en un 8% sobre el total devengado. Es decir, lo que se presentó como una mejora terminó convirtiéndose en una reducción real del dinero que el policía se lleva a su casa.

En un contexto ideal, la carga impositiva sería el reflejo de un salario digno y suficiente. Pero en la República Dominicana, donde el sueldo promedio continúa rezagado frente a la inflación y al incremento sostenido del costo de la vida, aplicar nuevos descuentos sobre ingresos ya insuficientes no solo es insensible: es un error estratégico y socialmente riesgoso.

La canasta familiar supera con holgura el salario de un raso policial y de muchos empleados públicos y privados. Mientras tanto, los precios de los alimentos, alquileres, medicamentos, transporte y servicios siguen en ascenso constante, arrastrados también por un dólar que sube sin freno y que encarece cada aspecto de la vida cotidiana. Pretender que el salario ha mejorado solo porque aparece más alto en la nómina es una ilusión contable que ignora la realidad más básica: la mayoría de los trabajadores dominicanos ha perdido poder adquisitivo año tras año.

Por eso, no es casual que diversos sectores sociales y económicos hayan hecho un llamado al Gobierno dominicano para que realice una urgente indexación salarial que ajuste los rangos de aplicación del ISR, de manera que el impuesto solo afecte verdaderamente a quienes ganan por encima de los 54 mil pesos. Aplicarlo a trabajadores cuyos ingresos no alcanzan la canasta básica es, simple y llanamente, cargar sobre los hombros de los más sacrificados el peso de la ineficiencia económica del Estado.

En el caso de la Policía Nacional, esta política se vuelve aún más preocupante. Estamos hablando de una institución que exige a sus agentes enfrentar riesgos diarios, extensas jornadas laborales, déficit de condiciones materiales y una enorme presión social. Un policía mal pagado es un policía vulnerable, desmotivado y empujado, en muchos casos, a buscar otras fuentes de ingreso para poder sostener a su familia. Una política salarial mal diseñada no solo afecta al agente: afecta la seguridad ciudadana, la integridad institucional y la confianza pública.

No se puede aspirar a una Policía más profesional, moderna y libre de tentaciones si las condiciones económicas de sus miembros siguen siendo vulnerables. No se construye moral institucional desde la escasez, ni transparencia desde la frustración, ni vocación de servicio desde la incertidumbre.

La unificación salarial pudo ser una oportunidad para dignificar el trabajo policial. Pero al no ajustarse el umbral del ISR ni reconocer el contexto económico real del país, terminó siendo una medida que luce más como recaudación automática que como mejora laboral. El resultado es una pérdida real del ingreso mensual del policía, disfrazada de avance administrativo.

Si el Estado desea una Policía mejor, debe empezar por garantizar que sus miembros tengan un ingreso real, digno y protegido de la erosión inflacionaria. Nominas más “altas” pero bolsillos más vacíos no construyen instituciones, solo maquillan estadísticas.

Y mientras el dólar siga subiendo, la canasta básica siga encareciéndose y los salarios se mantengan sin una adecuada indexación, cualquier aumento que no supere la línea del ISR será, simplemente, una ilusión: una buena noticia en el papel y una mala realidad en el colmado, en la farmacia y en la mesa de las familias dominicanas.

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