domingo, junio 16, 2024
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Solo un fuerte frente opositor podría impedir reelección de Abinader

Danilo Cruz Pichardo

El presidente de la República, Luis Abinader Corona, está habilitado constitucionalmente para optar por otro período de cuatro años y no hay motivo para reprochar su decisión de apelar a un derecho, en la medida en que durante sus actividades proselitistas no se usen los recursos del contribuyente.

Ya en la mayoría de los países democráticos de la región se permite el segundo mandato, una forma de emular el modelo de Estados Unidos, que para muchos es el ejemplo a seguir.


Durante décadas la reelección presidencial fue condenable en nuestro país por los líderes democráticos, como el profesor Juan Bosch y el doctor Peña Gómez.

El PRD, que siempre fue escuela de democracia en República Dominicana, asumió como principio estatutario el anticontinuismo, debido a que la mayoría de las naciones del continente tenían regímenes dictatoriales, que se perpetuaron en el poder por tiempo ilimitado. Los propios dominicanos estuvimos marcados por 31 años de Trujillo, dos del Triunvirato y doce de Joaquín Balaguer.


Cuando don Antonio ascendió a la Presidencia, en 1978, la única experiencia democrática que se tenía, en la historia reciente, era la de los siete meses de Bosch. Quiérase o no en la actualidad se observan ciertos avances institucionales y las pruebas están en las sentencias del Tribunal Constitucional, la Suprema Corte de Justicia, el Ministerio Público, el Tribunal Superior Administrativo, la Junta Central Electoral, el Tribunal Superior Electoral, la Junta Central Electoral y la Cámara de Cuentas. Posiblemente el más pobre, de todos los poderes, es el Legislativo.


En el marco del avance institucional sería una mezquindad no reconocer el aporte que ha hecho el presente gobierno en la recomposición y mejoría profesional y ética de integrantes de algunos poderes públicos.


Lógico: la fortaleza de nuestras cortes está muy lejos de ser la deseada, pero se ha avanzado. Y, particularmente, en lo que concierne a la JCE y el TSE, no hay el menor elemento de juicio para cuestionar su idoneidad, garantía de que los dos certámenes del año entrante serían transparentes. El que ganó, ganó. Es de esperar, sin embargo, que los órganos electorales hagan cumplir, en su justa dimensión, las leyes 15-19 y 33-18.
Es un contraste, empero, que mientras los órganos electorales avanzan institucionalmente, la calidad ética de los partidos políticos está en el suelo.


Cada vez el margen de diferencia es menor entre las entidades políticas. Ninguna tiene ideología, escuela de formación política y todas estimulan el clientelismo y el transfuguismo. No se puede obviar la gran cantidad de alcaldes, exalcaldes y regidores del PLD comprados por el partido gobernante.

En las redacciones de los periódicos se comenta sobre la tarifa, la cual depende del tamaño del municipio.


La política partidaria ha sido degradada con el transfuguismo inducido, convirtiéndose en una verdadera compraventa. Del PRD acaba de renunciar un grupo, entre los cuales están Fiquito Vásquez, Julio Maríñez y Junior Santos, que tiene ya un acuerdo firmado con el PRM a cambio de cargos y prebendas.

El pretexto que plantean esos señores para salir del partido blanco es infeliz. Hablan de su desacuerdo de la alianza con el PLD. ¿Por qué no están de acuerdo hoy y ayer sí? ¿Acaso todos no vienen de ocupar puestos públicos en los gobiernos de Danilo Medina?


Es una posición cómoda y vulgar el rechazar al PLD, cuyos procesos judiciales contra funcionarios del entorno de Danilo Medina dañaron su imagen. Y millares de los propios peledeístas optaron por correr hacia la Fuerza del Pueblo, inicialmente, y hacia el PRM, posteriormente. Naturalmente, los que pasan al PRM, aunque en esa organización política celebren, no son auténticos, simplemente son personas apegadas al Presupuesto de la Nación. En el fondo, la mayoría, sigue siendo peledeísta morado o verde, un factor que podría verse en los resultados electorales y hacer quedar mal, muy mal, a firmas encuestadoras.


Las firmas encuestadoras serias se limitan a formular preguntas y recibir respuestas, basándose en una muestra representativa de la población dominicana. Es innegable, sin embargo, que haya muchas respuestas que no se corresponden con la real simpatía política, en un país con cientos de miles de empleados públicos (el 90% de los cuales fueron designados bajo los mandatos de Leonel Fernández y Danilo Medina) y cerca de dos millones de personas que reciben las denominadas asistencias sociales (de las cuales 1.3 millones fueron asignadas también por Leonel Y Danilo).

No hay forma de garantizar que servidores estatales y beneficiarios de planes sociales ofrezcan respuestas sinceras, pues muchos piensan en la posibilidad del señuelo.


Las encuestas siguen siendo, no obstante, el único mecanismo de medición política, aunque algunas recientes, realizadas en países de América y del mundo, se hayan caído estrepitosamente, debido a variables imponderables, como es el ejemplo que acabo de citar más arriba.


Un dato que a tomar en cuenta es la tasa de rechazo que arrojan las encuestas sobre Leonel Fernández. Leonel no es un santo y se sabe que en su gobierno hubo corrupción, pero también hay que señalar que antes del cambio de 2020 él no tenía ese rechazo, por lo que se infiere que ha habido un trabajo en esa dirección tanto dentro del PLD como por bocinas que el PLD hizo ricas y hoy ofrecen sus servicios a los actuales inquilinos de palacio. El trabajo en las redes sociales es fuerte.


De todos modos, el proyecto de reelección presidencial al día de hoy corre por el carril de adentro, pese al disgusto de perremeístas que dejaron “oliendo donde se guisa” y además en la población pesa mucho el problema del alto costo de la vida, el cual, en un ejercicio desapasionado, no es local, los economistas dicen que es internacional.

Está también la inseguridad ciudadana, una queja que se arrastra de muchos años atrás, sin que ningún gobierno haya tenido solución tangible. Lógico: le corresponde a la presente administración, sin mirar el pasado, enfrentar y dar solución a la preocupante situación.


A la vista, de igual manera, resulta insuficiente, para detener la reelección presidencial, la alianza parcial que anunció Miguel Vargas entre el PRD, el PLD y la Fuerza del Pueblo.

Una alianza más amplia sí tendría mayor impacto sicológico, levantaría ánimos caídos de bandos peledeístas, se integrarían los que perdieron fe y muchos de los que están en bajo perfil, por temor a persecución judicial.

De igual manera, retornarían militantes que se fueron tanto de forma pública como en silencio, generando cierta percepción de triunfo.


Nada se descarta, pero algunos bien informados estiman que es remota la posibilidad de alianza total. Tendría Abel Martínez que ceder, lo que parece que no está en su agenda, máxime cuando el PLD es el partido que tiene mejor estructura nacional en el país.

Y Abel pensaría que si pierde en mayo por lo menos se estaría proyectando para el 2028. Abel es el más joven de los candidatos. Por otro lado, es impensable que Leonel Fernández, un expresidente y consolidado por mucho tiempo en segundo lugar en todos los estudios de opinión creíbles, renuncie a su candidatura.


Esas razones, entre otras, constituyen obstáculos a cualquier eventual alianza electoral. Por el momento el consenso de concertación gira en torno a los lugares a ocupar en una supuesta primera vuelta, en un país donde siempre, excepto los comicios de 1996, el puntero gana en una vuelta. Si las elecciones se celebran hoy es muy probable que solo haya una vuelta y gane Luis Abinader.

Ese mismo sería el resultado de mayo, al menos que se forme un frente opositor que divida a los electores en dos partes y se piense en ganar en una vuelta.


Tanto los líderes del PLD como los de la Fuerza del Pueblo tienen que remitirse a las estadísticas de los eventos electorales de las últimas décadas y establecer que los dominicanos no sufragan para quedar en tercer lugar.

Este es un electorado diferente al de otros países del continente y del mundo, donde los votos se distribuyen hasta en cinco opciones distintas. Aquí no.


El mejor acuerdo a que pueden arribar la Fuerza del Pueblo y el PLD es a la celebración de unas primarias entre Leonel Fernández y Abel Martínez, con un padrón donde solo se excluyan a los que aparecen en el PRM.

Ese sería un evento con perspectiva real de triunfo electoral con miras a mayo, por la dinámica y el entusiasmo que genera. Sería una réplica de las primarias del 6 de octubre de 2019, con la diferencia de que en esta ocasión habría transparencia.


Insistir en un posible acuerdo para segunda vuelta es aspirar a un escenario imaginario, casi impracticable, conforme a nuestra conducta electoral.

Una posible segunda ronda más que un sueño podría resultar ser una pesadilla. Si Leonel no puede ganarle a Abel, mucho menos le ganaría a Abinader. Y si Abel no puede ganarle a Leonel, mucho menos le ganaría a Abinader.

Así de sencillo.

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