En contexto en el cual un nimio espacio producido por alguien cuyo mayor mérito es haber creado una plataforma patrocinadora de un programa denominado «la casa de alofoke», con millones de visitas de personas que para empezar, desconocen que «alofoke» es un extranjerismo de una un jerga vulgar y grosera del idioma inglés, que fue en principio popularizada en barrios afroamericanos y luego copiados por boricuas y dominicanos en New York, se hace más que urgente defender los ritmos autóctonos nuestros.
El análisis del éxito en línea de la tal «casa de alofoke» y el derroche de chabacanerías, indecencias, falta absoluta de valores morales e inexistente capacidad de conceptualización en términos de aporte sustantivo a la juventud dominicana, nos indica que el 4% del PBI asignado al Ministerio de Educación ha fracasado rotundamente, en tanto impulsar un cambio en el proceso de aprendizaje y reproducción de valores positivos en la juventud.
Al reconocer que los jóvenes del país se deslizan cada vez más hacia un proceso de alienación y neocolonización cultural que les mantienen inmersos en los «teteos, en la drogadicción, en «dembow», «reguetón» en el «trap”, el «rap» y toda esa gama de elementos insulsos, que les desconectan de su realidad existencial, entendemos que se hace urgente aprobar el proyecto de ley tendente a enseñar merengue, bachata y otros ritmos autóctonos en las escuelas dominicanas.
Una ley que disponga la enseñanza obligatoria en los centros educativos de los ritmos musicales que nos identifican y conforman la riqueza cultural que hemos ido perdiendo debido a la transculturación y al ataque despiadado tendente a corromper nuestra idiosincrasia y borrar nuestra memoria histórica, es una de las maneras de enfrentar el fenómeno de la irresponsabilidad familiar, social y estatal que nos corroe.
La participación entusiasta de reconocidos músicos durante la presentación de la iniciativa de ley, es un reflejo de que no todo está perdido, pues mientras crece el esfuerzo de anular la esencia de la nacionalidad dominicana, hay también una parte de la población, dispuesta a enfrentar los planes alienantes de pulverizar los valores que nos convierten e identifican como una nación.



