InicioOpiniónEl deterioro de las vías públicas convierte la movilidad en una odisea

El deterioro de las vías públicas convierte la movilidad en una odisea

Transitar por calles, avenidas y carreteras de la República Dominicana se ha convertido en una verdadera odisea para conductores y peatones, debido al abandono y al avanzado deterioro de la infraestructura vial, una problemática que se agrava con las lluvias y el paso constante de vehículos pesados.

En diferentes comunidades, barrios, sectores, los conductores se han visto obligados a modificar sus rutas para evitar tramos prácticamente intransitables, mientras otras vías continúan utilizándose porque constituyen importantes conexiones con las principales arterias de circulación.

Los enormes hoyos que ocupan calles y avenidas representan una amenaza permanente para la seguridad vial, algunos tienen dimensiones tan considerables que los vehículos corren el riesgo de sufrir daños mecánicos, perder la estabilidad e incluso volcarse al intentar atravesarlos o esquivarlos.

La problemática también alcanza las carreteras urbanas y rurales, donde la erosión provocada por las corrientes de agua y los desbordamientos de ríos han destruido parte de la infraestructura, dejando tramos reducidos a una sola vía y colocando en peligro a quienes necesitan desplazarse por esas comunidades.

A estas deficiencias se suma la escasa durabilidad de algunas capas asfálticas, que comienzan a deteriorarse poco tiempo después de su colocación, lo que evidencia la necesidad de prestar mayor atención a la calidad de los materiales, los procedimientos de construcción y la supervisión de las obras.

Otro problema recurrente es el abandono de proyectos de asfaltado, pues numerosos sectores tienen calles intervenidas y preparadas para recibir pavimento, pero los trabajos quedan inconclusos, dejando a sus residentes entre zanjas, polvo, lodo y dificultades para acceder a sus viviendas.
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Las precipitaciones convierten muchas de estas perforaciones en lagunas que ocultan su profundidad, impidiendo a los conductores identificar los riesgos y aumentando las posibilidades de accidentes, daños a los vehículos y situaciones que comprometen la integridad de las personas.

El deterioro de la infraestructura vial no puede seguir tratándose como un problema secundario ni limitarse a reparaciones provisionales cuando llegan las denuncias de las comunidades, se requiere un plan integral que priorice la reconstrucción de los tramos críticos, el drenaje pluvial, la calidad del asfaltado y el mantenimiento preventivo.

Las autoridades responsables tienen el compromiso de garantizar vías seguras y transitables, porque las calles, avenidas y carreteras no son un lujo, sino infraestructuras esenciales para la movilidad, el desarrollo económico y la calidad de vida de la población.

Por José Armando Toribio

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